Factores asociados a la Mortalidad intrahospitalaria en Pacientes Adultos con
Sepsis Atendidos en el Servicio de Emergencia
Factors associated with in-hospital mortality in adult patients with sepsis treated in the
emergency department
Fatores associados à mortalidade hospitalar em pacientes adultos com sepse tratados no
pronto-socorro
Anthony Steeven Borbor Pilay
Nesec - empresa de seguros médicos
Ecuador
anthonyborborp@gmail.com
https://orcid.org/0009-0002-8630-8083
Forma de citación en APA, séptima edición.
Borbor, A. (2026). Factores asociados a la Mortalidad intrahospitalaria en Pacientes Adultos con Sepsis
Atendidos en el Servicio de Emergencia. Revista Ibero Research, 1(7), 1180 - 1215.
Fecha
de
presentación:
20/09/2026
Fecha
de
aceptación:
04/10/2026
Fecha
de
publicación:
06/10/2026
Resumen
La mortalidad por sepsis depende de vulnerabilidad, disfunción orgánica y proceso
asistencial. Se realizó una revisión narrativa crítica de cohortes, ensayos y guías,
incluida la actualización de 2026. Se diferenciaron diagnóstico, pronóstico y efecto del
tratamiento, conservando ámbito y horizonte de cada desenlace. SOFA, qSOFA, lactato
y fragilidad aportan información complementaria, pero ningún indicador aislado
sustituye evaluación clínica dinámica. Los ensayos de reanimación muestran la
necesidad de interpretar fase, comparador y respuesta. Se propone una ruta de
reconocimiento, atención simultánea, reevaluación y continuidad. Se concluye que los
factores asociados deben orientar decisiones contextualizadas, evitando atribuir
causalidad a marcadores de gravedad o trasladar resultados de UCI sin validación.
Palabras clave: sepsis; mortalidad hospitalaria; emergencia; disfunción orgánica; pronóstico.
Abstract
Sepsis mortality depends on vulnerability, organ dysfunction, and care processes. A
critical narrative review examined cohorts, trials, and guidelines, including the 2026
update. Diagnosis, prognosis, and treatment effects were differentiated, preserving each
outcome setting and time horizon. SOFA, qSOFA, lactate, and frailty provide
complementary information, but no isolated indicator replaces dynamic clinical
assessment. Resuscitation trials highlight the importance of phase, comparator, and
response. A pathway for recognition, simultaneous care, reassessment, and continuity is
proposed. Associated factors should guide contextualized decisions without attributing
causality to severity markers or transferring ICU findings without validation.
Keywords: sepsis; hospital mortality; emergency department; organ dysfunction; prognosis.
Resumo
A mortalidade por sepse depende de vulnerabilidade, disfunção orgânica e processos
assistenciais. Realizou-se uma revisão narrativa crítica de coortes, ensaios e diretrizes,
incluindo a atualização de 2026. Diferenciaram-se diagnóstico, prognóstico e efeito do
tratamento, preservando cenário e horizonte de cada desfecho. SOFA, qSOFA, lactato e
fragilidade fornecem informações complementares, mas nenhum indicador isolado
substitui avaliação clínica dinâmica. Ensaios de reanimação mostram a importância da
fase, do comparador e da resposta. Propõe-se um percurso de reconhecimento,
atendimento simultâneo, reavaliação e continuidade. Os fatores associados devem
orientar decisões contextualizadas, evitando atribuir causalidade a marcadores de
gravidade ou transferir resultados de UTI sem validação.
Palavras-chave: sepse; mortalidade hospitalar; emergência; disfunção orgânica; prognóstico.
Introducción
La sepsis constituye un síndrome clínico complejo producido por una respuesta
desregulada del organismo frente a una infección, capaz de generar alteraciones
fisiológicas y disfunción orgánica potencialmente mortales. De acuerdo con el consenso
Sepsis-3, la sepsis se define como una disfunción orgánica potencialmente mortal
causada por una respuesta desregulada del huésped frente a una infección.
Operacionalmente, el incremento de al menos dos puntos en el puntaje SOFA se utiliza
como indicador de disfunción orgánica asociada a la infección. (1)
La relevancia epidemiológica de este síndrome es considerable. Los estudios
internacionales han demostrado que la carga de sepsis es elevada y que su impacto no se
limita a las unidades de cuidados intensivos, puesto que una proporción importante de
los pacientes inicia su atención en los servicios de emergencia. El análisis del Global
Burden of Disease evidenció una importante carga mundial de casos y mortalidad
relacionada con sepsis, aunque las estimaciones varían considerablemente según la
definición empleada, la disponibilidad de registros y las características de cada sistema
sanitario. (1)
El servicio de emergencia constituye un escenario particularmente importante para el
reconocimiento de la sepsis. En las primeras horas pueden coexistir manifestaciones
inespecíficas como fiebre, taquicardia, taquipnea, alteración del estado mental,
hipotensión o síntomas relacionados con el foco infeccioso. La heterogeneidad clínica
dificulta determinar inicialmente cuáles pacientes evolucionarán favorablemente y
cuáles desarrollarán disfunción orgánica progresiva. (1)
En este contexto, conocer los factores asociados con mortalidad intrahospitalaria
permite mejorar la estratificación inicial del riesgo. Estos factores pueden agruparse en
características del paciente, condiciones clínicas preexistentes, gravedad fisiológica al
ingreso, alteraciones bioquímicas, extensión de la disfunción orgánica, características de
la infección y oportunidad o adecuación del tratamiento. (1)
La identificación de estos determinantes no significa que un factor individual pueda
establecer de manera absoluta el pronóstico. La mortalidad en sepsis es el resultado de
una interacción dinámica entre susceptibilidad del huésped, características del
microorganismo, sitio de infección, respuesta inflamatoria, alteraciones circulatorias,
disfunción orgánica y calidad y oportunidad de las intervenciones terapéuticas. (1)
Por ello, el objetivo de esta revisión es analizar los principales factores asociados con
mortalidad intrahospitalaria en pacientes adultos con sepsis atendidos inicialmente en
emergencia y discutir su utilidad para la evaluación clínica y la organización de
estrategias de atención temprana. (1)
La mortalidad intrahospitalaria por sepsis resulta de la interacción entre vulnerabilidad
previa, infección, respuesta del huésped y proceso asistencial. Identificar factores
asociados permite reconocer riesgo, pero no demuestra que modificar cualquiera de
ellos reduzca mortalidad; algunos son marcadores de gravedad y otros representan
oportunidades de atención. Esta distinción es esencial cuando se interpretan ventilación
mecánica, vasopresores o ingreso en cuidados intensivos. (1,2,3)
El servicio de emergencia tiene una función temporal específica: reconocer deterioro,
iniciar evaluación y tratamiento y coordinar el nivel de atención. Estudios realizados
exclusivamente en UCI aportan información valiosa, pero seleccionan pacientes con
otra gravedad y supervivencia previa al ingreso; sus probabilidades no pueden
trasladarse sin validación a todas las personas con infección que llegan a emergencia.
(4,5)
La comparación histórica también exige cuidado. Las definiciones de sepsis, prácticas
de codificación y disponibilidad de soporte han cambiado; las estimaciones
poblacionales no son intercambiables con tasas de una cohorte hospitalaria. Los trabajos
de Angus, Fleischmann y Rudd describen carga y limitaciones desde perspectivas
distintas, por lo que no se utilizan como una serie temporal local homogénea. (6,7,8)
El objetivo es organizar los factores pronósticos según momento de medición,
modificabilidad y utilidad clínica, contrastando escalas y biomarcadores con evidencia
de tratamiento. La propuesta se centra en evaluación dinámica y continuidad asistencial;
no desarrolla un nuevo puntaje ni predice mortalidad individual a partir de datos
propios.
Metodología
Se realizó una revisión narrativa crítica, de alcance documental y orientación aplicada.
El material temático inicial se amplió mediante búsquedas dirigidas en registros
académicos y publicaciones originales disponibles; se verificaron identidad
bibliográfica y correspondencia de las fuentes con las afirmaciones. La búsqueda
complementaria se cerró el 5 de octubre de 2026 y conservó trabajos fundacionales
cuando eran necesarios para interpretar la evidencia reciente.
Se consultaron registros de Europe PMC/PubMed, metadatos DOI y páginas de revistas
u organismos pertinentes. Se incluyeron publicaciones con relación directa con la
pregunta y datos o argumentos interpretables; se excluyeron duplicados bibliográficos,
referencias que no correspondían al contenido atribuido y trabajos ajenos al objeto. No
se declararon búsquedas en bases de suscripción no consultadas ni un proceso
exhaustivo de revisión sistemática.
La selección fue intencional y se utilizó una matriz de extracción para ordenar diseño,
población u objeto, resultados, medida y limitaciones. El análisis fue comparativo y
temático; los resultados cuantitativos se conservaron en su contexto y las propuestas se
diferenciaron de hallazgos empíricos. Las tablas y gráficos se elaboraron con
información publicada, sin crear participantes, observaciones o estimaciones de efecto
propias.
La revisión utilizó fuentes documentales públicas y no intervino sobre personas ni
accedió a registros individuales identificables. No se atribuye una aprobación ética
inexistente. Se mantuvo trazabilidad mediante DOI o URL y se realizó una
comprobación de correspondencia entre citas y referencias, junto con revisión de
coherencia de cifras y elementos visuales.
Se realizó una revisión narrativa crítica de publicaciones sobre sepsis adulta, mortalidad
hospitalaria y atención inicial. La búsqueda complementaria combinó sepsis, emergency
department, mortality, SOFA, lactate, frailty, source control y fluid resuscitation. Se
incorporaron cohortes de emergencia, estudios de validación y ensayos relacionados con
factores modificables, identificando por separado los realizados en UCI.
Se extrajeron definición de sepsis, población, momento de evaluación y horizonte del
desenlace. Mortalidad hospitalaria, a 28 días y a 90 días se mantuvieron como
resultados diferentes; tampoco se confundió diagnóstico de sepsis con pronóstico de
muerte. Las asociaciones se interpretaron según diseño y ajuste disponible, sin calcular
un efecto conjunto a partir de medidas heterogéneas.
La matriz analítica distinguió características basales, alteraciones fisiológicas,
disfunción orgánica, infección y proceso asistencial. Se consideró si la variable estaba
disponible al ingreso o aparecía después de decisiones terapéuticas; este orden evita
presentar intervenciones tardías como predictores basales. La valoración crítica examinó
confusión por gravedad, selección, datos faltantes y transferencia entre contextos.
Las guías de 2026 se contrastaron con la edición de 2021 y estudios fundacionales para
actualizar implicaciones de atención. Se priorizó la formulación diferenciada por
probabilidad de infección y presencia de shock, evitando resumir toda la atención
mediante un único tiempo o volumen. Las recomendaciones clínicas no se trataron
como estimaciones de riesgo individual. (9,10)
Los gráficos reproducen resultados de dos cohortes y de un ensayo. Se conserva su
ámbito y horizonte, sin ordenar servicios según tasas crudas ni presentar diferencias no
significativas como equivalencia. No se efectuó validación de un modelo, metaanálisis
propio o análisis de pacientes de un hospital ecuatoriano; la propuesta organiza
decisiones y variables para evaluación futura.
Resultados
La mortalidad asociada con sepsis depende en gran medida de la gravedad de la
disfunción orgánica. La definición Sepsis-3 abandonó el concepto de “sepsis grave” y
estableció la disfunción orgánica como elemento central del diagnóstico. El SOFA
permite valorar seis sistemas: respiratorio, cardiovascular, hepático, coagulación, renal y
neurológico. (8)
El concepto de mortalidad intrahospitalaria resulta particularmente relevante porque
incluye el desenlace final del episodio agudo y las complicaciones desarrolladas durante
la hospitalización. Los pacientes que llegan a emergencia con sepsis pueden presentar
una enfermedad relativamente limitada o, por el contrario, manifestar desde el inicio
alteraciones compatibles con shock y fallo multiorgánico. (8)
La epidemiología histórica demuestra que la mortalidad de la sepsis ha variado según la
población estudiada, el período histórico, las definiciones utilizadas y el nivel de
atención. En una revisión sistemática de estudios poblacionales, Fleischmann y
colaboradores (7) identificaron importantes variaciones en las estimaciones
internacionales y señalaron limitaciones particularmente relevantes en países de
ingresos bajos y medios.
Por tanto, no debe utilizarse una única tasa de mortalidad como referencia universal. La
mortalidad observada puede ser diferente entre hospitales terciarios, centros regionales
y hospitales generales, y también puede depender de la disponibilidad de cuidados
intensivos, microbiología, antimicrobianos, procedimientos de control del foco y
sistemas de respuesta rápida. (8)
La edad constituye uno de los factores clínicos que deben considerarse en la valoración
pronóstica. Los adultos mayores presentan mayor probabilidad de padecer
enfermedades crónicas, inmunosenescencia, deterioro funcional y menor reserva
fisiológica, circunstancias que pueden modificar la respuesta frente a una infección
grave. (11)
Sin embargo, la edad por sí sola no debería interpretarse como determinante absoluto de
mortalidad. Su efecto se encuentra relacionado con comorbilidades, estado funcional
previo, fragilidad, polifarmacia, inmunosupresión y gravedad de la enfermedad aguda.
(11)
En pacientes mayores puede producirse además una presentación clínica atípica. La
fiebre puede ser menos evidente y los síntomas iniciales pueden consistir en confusión,
debilidad, deterioro funcional o descompensación de una enfermedad crónica. Esto
puede retrasar el reconocimiento del proceso infeccioso. (11)
La evaluación de la edad debe complementarse con una valoración integral del estado
basal del paciente. En términos pronósticos, la combinación de edad avanzada,
fragilidad y disfunción orgánica puede ser más informativa que cualquiera de estas
variables individualmente. (11)
Las enfermedades crónicas constituyen otro grupo importante de factores asociados con
resultados adversos. Diabetes mellitus, enfermedad renal crónica, enfermedad
cardiovascular, enfermedad pulmonar crónica, cirrosis, cáncer, inmunosupresión y
antecedentes de hospitalización pueden incrementar la vulnerabilidad frente a
infecciones graves. (11)
Las comorbilidades pueden afectar diferentes etapas de la respuesta frente a la
infección. La enfermedad renal puede limitar la capacidad de mantener la homeostasis
hidroelectrolítica; la insuficiencia cardíaca puede dificultar la reposición de volumen; la
enfermedad pulmonar puede reducir la reserva respiratoria y la inmunosupresión puede
modificar la respuesta inflamatoria y aumentar el riesgo de infecciones oportunistas.
(11)
La tabla 1 organiza factores pronósticos según momento y función, con indicación del
alcance de cada componente y de las fuentes que sustentan su interpretación.
Tabla 1
Factores pronósticos según momento y función
Grupo
Ejemplos
Precaución
Basales
Edad, comorbilidad y fragilidad
No usar como exclusión automática (11)
Fisiológicos
Perfusión, presión y lactato
Interpretar evolución (12)
Disfunción
Componentes SOFA
Conocer valores previos (13,14)
Tratamiento
Vasopresores y ventilación
Confusión por indicación (3,9)
Fuente: Elaboración propia; asociación no equivale a causalidad modificable.
Por ello, la evaluación inicial en emergencia debe incluir antecedentes patológicos
relevantes y tratamientos habituales, particularmente inmunosupresores, corticoides y
medicamentos que puedan modificar la presión arterial o la respuesta fisiológica. (11)
Los antecedentes no deben utilizarse de forma aislada para predecir la muerte. Su
importancia aumenta cuando se combinan con indicadores objetivos de gravedad aguda.
(11)
Entre los factores clínicos de mayor relevancia se encuentra la alteración
hemodinámica. La hipotensión puede reflejar vasodilatación sistémica, hipovolemia
relativa, alteración de la función cardíaca o una combinación de mecanismos. (3)
El shock séptico representa una forma particularmente grave de sepsis. Según Sepsis-3,
se caracteriza por alteraciones circulatorias y metabólicas asociadas con un riesgo de
mortalidad superior al observado en la sepsis sin shock. (3)
La necesidad de vasopresores constituye un indicador indirecto de gravedad. Cuando la
hipotensión persiste a pesar de una adecuada reanimación inicial, la utilización de
vasopresores puede ser necesaria para mantener la presión arterial y la perfusión de
órganos. (3)
En consecuencia, la presión arterial inicial, la evolución hemodinámica y la necesidad
de soporte vasoactivo deben considerarse elementos fundamentales en la valoración
pronóstica. (3)
El lactato constituye uno de los biomarcadores más utilizados en la evaluación del
paciente con sepsis. Su elevación puede reflejar alteraciones de la perfusión tisular,
aumento del metabolismo anaerobio y otros mecanismos metabólicos y fisiológicos.
(12)
La cohorte prospectiva de Freund y colaboradores incluyó 879 pacientes con sospecha
de infección en 30 servicios de emergencia. La mortalidad intrahospitalaria fue de 3%
con qSOFA menor de dos y de 24% con qSOFA de dos o más. La diferencia identifica
estratos observados de riesgo, pero un valor bajo no excluye sepsis ni garantiza
evolución favorable. (4)
El qSOFA mostró un área bajo la curva de 0,80 frente a 0,65 de SIRS en esa cohorte. Se
trata de discriminación de mortalidad, no de sensibilidad universal para detectar
infección o sepsis. La actualización Surviving Sepsis Campaign 2026 favorece otras
herramientas de cribado frente al empleo de qSOFA como instrumento único; ambas
afirmaciones pueden coexistir porque responden a funciones distintas. (4,9)
La definición Sepsis-3 articula infección y disfunción orgánica; la identificación de
shock incorpora criterios específicos y un contexto de reanimación. Aplicar etiquetas
sin examinar momento y condiciones puede clasificar de manera incorrecta una
hipotensión transitoria o una elevación aislada de lactato. La valoración inicial debe ser
clínica y repetida. (1,3,2)
El gráfico 1 presenta mortalidad intrahospitalaria según qSOFA en emergencia. Se
conserva la unidad y el contexto de los datos para distinguir la descripción publicada de
las implicaciones propuestas.
Gráfico 1
Mortalidad intrahospitalaria según qSOFA en emergencia
Fuente: elaboración propia. (4): cohorte de 879 pacientes con sospecha de infección; asociación, no efecto
causal.
El estrato alto identifica mayor mortalidad observada, pero el bajo conserva eventos y
no permite descartar enfermedad grave. La herramienta debe acompañar valoración y
reevaluación; usarla como barrera de acceso a atención confundiría pronóstico con
diagnóstico. La composición de la cohorte limita traslado directo a otras poblaciones.
Sin embargo, una concentración elevada de lactato no es específica de hipoperfusión.
Puede aumentar también en situaciones como disfunción hepática, estimulación
adrenérgica, convulsiones y determinados tratamientos farmacológicos. (12)
Por ello, el valor del lactato reside principalmente en su interpretación dentro del
contexto clínico. Un paciente con infección, hipotensión, alteración del estado mental y
lactato elevado presenta un perfil de mayor gravedad que un paciente con infección sin
alteraciones hemodinámicas ni metabólicas. (12)
La evolución del lactato también puede aportar información pronóstica. La persistencia
de alteraciones metabólicas a pesar de las intervenciones iniciales puede sugerir una
respuesta insuficiente a la reanimación. (12)
Las investigaciones recientes también han estudiado la combinación de lactato con
qSOFA. Un metaanálisis publicado en 2025 encontró que el lactato ajustado a qSOFA
puede mejorar la estratificación del riesgo de mortalidad intrahospitalaria frente a
qSOFA aislado, aunque su utilización debe integrarse con la evaluación clínica. (12)
La magnitud de la disfunción orgánica representa probablemente uno de los elementos
centrales en el pronóstico de la sepsis. (13)
El SOFA fue diseñado para describir la evolución de la disfunción de seis sistemas
orgánicos y posteriormente se incorporó como componente fundamental de la definición
Sepsis-3. (13)
Las alteraciones respiratorias, cardiovasculares, renales, hepáticas, hematológicas y
neurológicas pueden presentarse simultáneamente. Cuanto mayor es el número y la
intensidad de las disfunciones, mayor es la gravedad clínica. (13)
El valor del SOFA no se limita a la puntuación inicial. La tendencia del puntaje durante
la hospitalización puede proporcionar información adicional acerca de la respuesta al
tratamiento. Un paciente cuyo SOFA disminuye puede presentar una trayectoria
diferente de aquel cuyo puntaje continúa aumentando. (13)
Raith y colaboradores (5) compararon SOFA, SIRS y qSOFA para predecir mortalidad
hospitalaria en adultos con sospecha de infección ingresados en UCI, demostrando la
relevancia del SOFA para la estratificación pronóstica.
Por tanto, la evaluación seriada de la función orgánica debe considerarse una
herramienta fundamental para identificar deterioro clínico. (13)
La tabla 2 organiza escalas: función y población, con indicación del alcance de cada
componente y de las fuentes que sustentan su interpretación.
Tabla 2
Escalas: función y población
Instrumento
Utilidad
Límite
qSOFA
Estratificación rápida de riesgo
No descarta sepsis (4)
SOFA
Descripción multiorgánica
Datos y momento de medición (5)
SIRS/NEWS/MEW
S
Apoyo al reconocimiento
No diagnóstico autónomo (9)
LqSOFA
Combinación pronóstica
Umbral y validación local (15,16)
Fuente: Síntesis crítica; no se propone un punto de corte nuevo.
El qSOFA fue desarrollado como una herramienta sencilla para identificar pacientes con
sospecha de infección que presentaban mayor riesgo de desenlaces adversos. Incluye
frecuencia respiratoria elevada, presión arterial sistólica baja y alteración del estado
mental. (4)
Su principal ventaja es la facilidad de aplicación en contextos donde no se dispone
inmediatamente de pruebas de laboratorio. Sin embargo, diferentes estudios han
demostrado que qSOFA no debe considerarse una herramienta diagnóstica única para
descartar sepsis. (4)
La evaluación inicial de los pacientes en emergencia debe mantener un alto nivel de
sospecha clínica. El qSOFA puede contribuir a identificar riesgo, pero no sustituye la
evaluación integral, la determinación de lactato, el SOFA cuando corresponde ni la
búsqueda de disfunción orgánica. (4)
La literatura derivada del consenso Sepsis-3 muestra que las herramientas clínicas
tienen diferentes características de sensibilidad y especificidad dependiendo del
escenario asistencial. (4)
Además del lactato, diversos biomarcadores han sido estudiados como potenciales
predictores de mortalidad. Entre ellos se encuentran procalcitonina, proteína C reactiva,
presepsina, interleucinas y otros marcadores inflamatorios. (17)
La procalcitonina ha mostrado asociación con mortalidad en determinados estudios.
Una revisión sistemática y metaanálisis identificó una asociación entre concentraciones
elevadas y mayor riesgo de muerte, aunque también señaló heterogeneidad entre los
estudios y limitaciones relacionadas con el momento de medición. (17)
Esto es importante porque un biomarcador aislado no posee suficiente capacidad para
explicar la complejidad de la sepsis. Las concentraciones pueden variar según el
momento de la enfermedad, la función renal, el foco infeccioso y las características
individuales. (17)
Raith y colaboradores estudiaron 184.875 pacientes con infección en 182 UCI de
Australia y Nueva Zelanda. SOFA presentó discriminación de mortalidad hospitalaria
superior a qSOFA y SIRS en esa población. La magnitud de la muestra reduce
incertidumbre estadística, pero no elimina la diferencia de escenario respecto de
emergencia ni convierte los resultados en una comparación directa con la cohorte
europea. (5)
El SOFA describe disfunción de varios sistemas y permite seguir evolución, aunque
requiere información que puede no estar disponible inmediatamente. Sus componentes
también pueden verse afectados por tratamientos y enfermedad previa; por ello, debe
documentarse cuándo se midieron y qué valor basal se asumió. La puntuación ayuda a
organizar gravedad, sin sustituir explicación clínica del deterioro. (13,14)
La revisión de Lu y colaboradores evaluó SOFA, procalcitonina, lactato y
combinaciones, mientras que Moncada-Gutiérrez y colaboradores examinaron qSOFA
ampliado con lactato. Sus resultados respaldan investigación sobre modelos
combinados, pero requieren examinar umbrales y sensibilidad; una especificidad alta no
basta para descartar riesgo cuando el resultado es negativo. (15,16)
El gráfico 2 presenta discriminación de mortalidad en la cohorte de emergencia. Se
conserva la unidad y el contexto de los datos para distinguir la descripción publicada de
las implicaciones propuestas.
Gráfico 2
Discriminación de mortalidad en la cohorte de emergencia
Fuente: elaboración propia. (4). Pronóstico de mortalidad, no exactitud diagnóstica de sepsis.
La mejor discriminación de qSOFA en esta cohorte no lo convierte en instrumento
único de cribado. El área resume ordenamiento de riesgo y no proporciona por sí misma
sensibilidad en un umbral, calibración o beneficio al implementarlo. La decisión debe
considerar la función concreta que se solicita a la escala.
Por esta razón, los biomarcadores deben considerarse complementarios a la evaluación
clínica y fisiológica. (17)
El sitio primario de infección también puede relacionarse con el pronóstico. Las
infecciones respiratorias, abdominales, urinarias, de piel y tejidos blandos y del torrente
sanguíneo representan algunos de los focos más frecuentes. (9)
La mortalidad puede estar condicionada por la localización, la presencia de bacteriemia,
la posibilidad de realizar control del foco, la susceptibilidad antimicrobiana y el estado
fisiológico del paciente. (9)
Las infecciones intraabdominales, por ejemplo, pueden requerir procedimientos
quirúrgicos o intervencionistas para lograr un adecuado control del foco. En estos
pacientes, administrar antibióticos sin resolver una fuente infecciosa persistente puede
resultar insuficiente. (9)
En contraste, determinadas infecciones urinarias pueden responder favorablemente a
tratamiento antimicrobiano temprano cuando no existen complicaciones anatómicas u
obstructivas. (9)
La importancia del foco debe evaluarse conjuntamente con gravedad y características
del huésped, evitando asumir que una localización específica determina por sí sola el
desenlace. (9)
La presencia de microorganismos en sangre puede reflejar una infección sistémica de
mayor extensión. Sin embargo, la ausencia de hemocultivos positivos no excluye sepsis
ni implica necesariamente un mejor pronóstico. (18)
Uno de los factores modificables más importantes es la adecuación del tratamiento
antimicrobiano. La elección inicial debe considerar el foco sospechado, epidemiología
local, antecedentes de resistencia, exposición antimicrobiana previa y factores de riesgo
individuales. (18)
Ferrer y colaboradores (18), en un análisis de 17.990 pacientes con sepsis grave y shock
séptico, encontraron una asociación entre retraso en la administración del primer
antibiótico y aumento de la mortalidad hospitalaria.
No obstante, el tratamiento temprano no significa administrar antibióticos
indiscriminadamente. El objetivo debe ser proporcionar cobertura adecuada cuando
existe sospecha fundada de infección grave y posteriormente ajustar el tratamiento
según cultivos, sensibilidad antimicrobiana, evolución clínica y epidemiología. (18)
La tabla 3 organiza biomarcadores y decisiones, con indicación del alcance de cada
componente y de las fuentes que sustentan su interpretación.
Tabla 3
Biomarcadores y decisiones
Variable
Qué informa
Qué no demuestra
Lactato
Gravedad y trayectoria
Hipovolemia exclusiva (12)
Procalcitonina
Apoyo en escenarios definidos
Exclusión universal de infección (17)
Biomarcadores
combinados
Discriminación potencial
Utilidad clínica automática (15)
Tendencia temporal
Respuesta y deterioro
Causalidad del tratamiento aislado
Fuente: Elaboración propia basada en las fuentes citadas y (19,20).
Las guías Surviving Sepsis Campaign recomiendan estrategias de reconocimiento
temprano, tratamiento antimicrobiano oportuno, reanimación y control del foco. (18)
El control del foco constituye un componente esencial del tratamiento. Puede implicar
drenaje de abscesos, extracción de dispositivos infectados, procedimientos quirúrgicos,
desbridamiento o intervenciones dirigidas a resolver una obstrucción. (21)
Cuando existe una fuente infecciosa que permanece activa, la administración de
antibióticos puede no ser suficiente para controlar el proceso. (21)
Desde la perspectiva pronóstica, la imposibilidad de lograr un control adecuado del foco
puede contribuir a una evolución desfavorable, particularmente en pacientes con shock
o disfunción orgánica múltiple. (21)
Por ello, el servicio de emergencia debe facilitar la identificación temprana de aquellos
pacientes que requieren intervención quirúrgica, radiológica o de otra naturaleza. (21)
La necesidad de ventilación mecánica constituye un indicador de gravedad,
generalmente relacionado con insuficiencia respiratoria significativa, alteración
neurológica o deterioro sistémico. (9)
De manera similar, la necesidad de vasopresores, terapia de reemplazo renal o soporte
avanzado de órganos refleja una enfermedad de mayor gravedad. (9)
Es importante señalar que estos tratamientos no deben considerarse necesariamente
“causas” directas de mortalidad. Con frecuencia funcionan como marcadores de la
intensidad de la disfunción orgánica subyacente. (9)
El lactato aporta información pronóstica y sobre evolución, pero no constituye una
medida exclusiva de hipoperfusión. Producción, eliminación y contexto clínico influyen
en sus niveles; perseguir normalización mediante líquidos sin reevaluación puede ser
inapropiado. La valoración conjunta de perfusión periférica, estado mental, diuresis y
hemodinamia permite interpretar su significado en cada fase. (12,9)
La procalcitonina cumple funciones diferentes en diagnóstico y manejo antibiótico. Las
revisiones sobre exactitud en emergencia y sobre estrategias guiadas por este marcador
no responden a la misma pregunta; no corresponde utilizar una estimación de
sensibilidad diagnóstica como capacidad de predecir mortalidad ni retrasar atención de
una sepsis probable esperando un biomarcador. (17,19,20)
La fragilidad aporta información sobre reserva funcional además de edad y
comorbilidad. El estudio de Interián y colaboradores identificó asociación entre
fragilidad y desenlaces, pero su naturaleza observacional exige interpretación
contextual. Una puntuación no debe convertirse por sí sola en criterio automático para
negar tratamiento; debe integrarse con situación clínica, preferencias y posibilidades de
recuperación. (11)
El gráfico 3 presenta discriminación de mortalidad en pacientes de UCI. Se conserva la
unidad y el contexto de los datos para distinguir la descripción publicada de las
implicaciones propuestas.
Gráfico 3
Discriminación de mortalidad en pacientes de UCI
Fuente: elaboración propia. (5): 184.875 pacientes; no es comparación directa con la cohorte de
emergencia.
El orden de desempeño en UCI difiere del contraste de emergencia porque cambia
población y momento de medición. Los intervalos estrechos reflejan una muestra
grande, pero no eliminan sesgo ni garantizan utilidad en otro escenario. La comparación
debe conservar contexto y evitar una clasificación universal de escalas.
Por ejemplo, un paciente que requiere ventilación mecánica presenta generalmente una
alteración respiratoria grave, pero la mortalidad dependerá también de la causa de la
insuficiencia respiratoria, la edad, las comorbilidades, el foco infeccioso y la presencia
de otras disfunciones. (9)
La sepsis es una condición dinámica. La situación clínica de un paciente puede cambiar
significativamente durante las primeras horas. (22)
El reconocimiento precoz permite iniciar monitorización, obtener muestras
microbiológicas cuando corresponda, administrar antimicrobianos adecuados, realizar
reanimación y establecer medidas de control del foco. (22)
El estudio de Seymour y colaboradores (22), realizado en el contexto de atención de
emergencia obligatoria para sepsis, evaluó la relación entre el tiempo hasta las
intervenciones y mortalidad.
La evidencia sobre el tiempo de tratamiento debe interpretarse cuidadosamente, ya que
el efecto puede variar según la gravedad y el contexto clínico. No obstante, existe
consenso en que los pacientes con sepsis y shock requieren reconocimiento y
tratamiento oportunos. (22)
Las demoras pueden producirse en diferentes etapas: identificación del cuadro, toma de
muestras, administración de antimicrobianos, reanimación, obtención de imágenes,
consulta a especialistas o traslado a una unidad de mayor complejidad. (22)
Uno de los principales desafíos para interpretar la mortalidad por sepsis es que los
factores de riesgo rara vez aparecen de manera aislada. (2)
Un paciente anciano con neumonía puede presentar hipotensión, lactato elevado, lesión
renal aguda y alteración de conciencia. En este escenario, el riesgo no depende
exclusivamente de la edad, sino de la combinación de vulnerabilidad basal y gravedad
fisiológica. (2)
De igual manera, un paciente joven puede desarrollar una evolución desfavorable si
presenta shock refractario, infección grave, retraso terapéutico o múltiples disfunciones
orgánicas. (2)
Por ello, el enfoque moderno de la sepsis debe alejarse de modelos basados en un único
marcador. La estratificación adecuada debe integrar; características demográficas;
comorbilidades; estado funcional; foco infeccioso; presión arterial y perfusión; lactato;
función renal; estado respiratorio; estado neurológico; coagulación; función hepática;
SOFA; necesidad de vasopresores; necesidad de ventilación mecánica; oportunidad y
adecuación del tratamiento antimicrobiano; control del foco infeccioso. (2)
La tabla 4 organiza ruta de evaluación dinámica propuesta, con indicación del alcance
de cada componente y de las fuentes que sustentan su interpretación.
Tabla 4
Ruta de evaluación dinámica propuesta
Momento
Acción
Registro
Reconocimiento
Probabilidad y disfunción
Hora y criterios
Atención simultánea
Tratamiento según shock y
probabilidad
Decisiones y motivos
Reevaluación
Perfusión, soporte y foco
Respuesta y tolerancia
Continuidad
Nivel asistencial y objetivos
Transferencia y seguimiento
Fuente: Propuesta informada por (9,22,21,23,24); sin validación propia.
La identificación de factores asociados con mortalidad puede contribuir a establecer
protocolos institucionales de atención. (9)
Una estrategia práctica consiste en dividir la evaluación en tres niveles. (9)
Primer nivel: reconocimiento. Debe identificarse rápidamente la posibilidad de
infección acompañada de disfunción orgánica. (9)
Segundo nivel: estratificación. Deben determinarse signos de hipoperfusión, alteración
del estado mental, hipotensión, lactato, función renal, oxigenación y SOFA. (9)
Tercer nivel: respuesta terapéutica. Deben implementarse medidas dirigidas al control
de la infección, tratamiento antimicrobiano adecuado, estabilización hemodinámica y
control del foco. (9)
La Surviving Sepsis Campaign recomienda una aproximación protocolizada que integre
reconocimiento, reanimación, antimicrobianos, vasopresores cuando estén indicados y
evaluación continua. (9)
El objetivo no debe ser simplemente obtener una puntuación de riesgo, sino utilizar la
información para modificar oportunamente la atención. (9)
CLOVERS comparó estrategias iniciales restrictiva y liberal de líquidos en hipotensión
asociada a sepsis, sin demostrar diferencia significativa en muerte antes del alta al
domicilio hasta el día 90. CLASSIC examinó pacientes con shock ya ingresados en UCI
y tampoco mostró reducción de mortalidad a 90 días con restricción. Los ensayos
estudian fases distintas y no autorizan una regla de ausencia universal de líquidos.
(23,24)
ANDROMEDA-SHOCK comparó reanimación guiada por perfusión periférica y por
lactato en 424 pacientes. La mortalidad a 28 días fue de 34,9% frente a 43,4%, con
intervalo de la diferencia que incluyó ausencia de efecto y p = 0,06. El resultado no
demuestra superioridad estadística en el desenlace principal, aunque aporta información
sobre evaluación clínica y disfunción orgánica. (12)
La propuesta organiza reconocimiento, evaluación simultánea, tratamiento
contextualizado y reevaluación. Las guías de 2026 distinguen shock o sepsis probable
de escenarios de infección posible sin shock, y priorizan atención oportuna y control del
foco cuando corresponde. La aplicación debe registrar incertidumbre y respuesta,
evitando que completar una casilla sustituya el razonamiento clínico. (9)
El gráfico 4 presenta mortalidad a 28 días en ANDROMEDA-SHOCK. Se conserva la
unidad y el contexto de los datos para distinguir la descripción publicada de las
implicaciones propuestas.
Gráfico 4
Mortalidad a 28 días en ANDROMEDA-SHOCK
Fuente: elaboración propia. (12): 424 pacientes. Diferencia −8,5 puntos; IC 95% −18,2 a 1,2; p = 0,06.
La diferencia puntual favoreció la estrategia de perfusión periférica, pero el intervalo
del desenlace principal incluyó ausencia de efecto. No corresponde concluir
superioridad demostrada ni equivalencia; el ensayo aporta información sobre una
estrategia y sus límites. La perfusión clínica complementa el lactato dentro de una
evaluación integrada.
Discusión
La evidencia disponible demuestra que la mortalidad intrahospitalaria en sepsis es
multifactorial. Entre los predictores más consistentemente relacionados con desenlaces
adversos se encuentran la disfunción orgánica, el shock, la hipotensión, el lactato
elevado y la necesidad de soporte avanzado. (9)
La definición Sepsis-3 desplazó el enfoque tradicional basado exclusivamente en
criterios inflamatorios hacia una concepción centrada en la disfunción orgánica. Esto
tiene importantes implicaciones para los servicios de emergencia, donde muchos
pacientes presentan signos iniciales inespecíficos. (9)
El SOFA proporciona una evaluación estructurada de la disfunción orgánica, mientras
que qSOFA puede facilitar una valoración clínica rápida. Sin embargo, la evidencia
disponible no respalda el uso de qSOFA como único instrumento para descartar sepsis o
determinar el pronóstico individual. (9)
El lactato constituye otro componente importante. Su elevación puede indicar
alteraciones de perfusión y metabolismo, aunque su interpretación debe ser contextual.
La incorporación del lactato a herramientas clínicas puede mejorar la estratificación del
riesgo en determinadas poblaciones, como sugieren metaanálisis recientes. (9)
Otro aspecto importante es la oportunidad del tratamiento. Los estudios han encontrado
asociación entre retrasos en la administración de antimicrobianos y mayor mortalidad,
especialmente en cuadros graves. Sin embargo, la rapidez debe acompañarse de
precisión diagnóstica y selección apropiada del tratamiento, puesto que el uso
innecesario o excesivamente prolongado de antimicrobianos también genera riesgos. (9)
Los biomarcadores pueden proporcionar información complementaria. La
procalcitonina, por ejemplo, presenta asociación pronóstica en determinadas
circunstancias, pero la heterogeneidad de los estudios limita su utilización como
predictor independiente de mortalidad. (9)
Finalmente, las diferencias epidemiológicas entre países y hospitales deben
considerarse. Las estimaciones internacionales de mortalidad pueden no ser
directamente extrapolables a hospitales latinoamericanos, debido a diferencias en acceso
a cuidados intensivos, resistencia antimicrobiana, disponibilidad de diagnóstico
microbiológico y características de la población. (9)
Esta revisión presenta algunas limitaciones. En primer lugar, se trata de una revisión
narrativa y no de una revisión sistemática con metaanálisis propio. Por tanto, no se
calcularon medidas combinadas de efecto. (2)
En segundo lugar, existe heterogeneidad significativa entre las investigaciones
disponibles respecto de las definiciones utilizadas, características de las poblaciones,
escenarios hospitalarios y desenlaces evaluados. (2)
En tercer lugar, determinados factores asociados con mortalidad pueden representar
marcadores de gravedad y no necesariamente relaciones causales directas. Por ejemplo,
la ventilación mecánica y la necesidad de vasopresores probablemente reflejan la
intensidad de la disfunción orgánica más que constituir por sí mismas causas
independientes de muerte. (2)
Finalmente, las estimaciones provenientes de países con sistemas sanitarios diferentes
deben extrapolarse con cautela a contextos latinoamericanos. (2)
La asociación de un factor con mortalidad no establece una relación causal modificable.
La ventilación mecánica y los vasopresores aparecen con mayor frecuencia en pacientes
graves; concluir que provocan la mortalidad observada ignoraría la indicación y la
gravedad que motivaron su uso. Los modelos pronósticos pueden incluirlos en ciertos
momentos, pero deben explicar que no son variables basales disponibles antes de tratar.
El momento cero debe definirse con precisión. Llegada a emergencia, sospecha de
infección, reconocimiento de disfunción y diagnóstico de shock no siempre coinciden;
las comparaciones de demora cambian según el punto de partida. Los estudios de Ferrer,
Puskarich y Seymour muestran asociaciones temporales relevantes, pero la
interpretación debe atender diseño y ajuste, sin convertir cada hora en un incremento
causal idéntico para todos los pacientes. (18,25,22)
La evidencia sobre atención protocolizada evolucionó con ProCESS, ARISE y
ProMISe. Esos ensayos cuestionaron el beneficio incremental de protocolos invasivos
específicos frente a una atención habitual contemporánea, no la necesidad de reconocer
y tratar shock. El aprendizaje es distinguir componentes útiles de un paquete y evaluar
qué contiene realmente el comparador antes de declarar obsoleto todo un enfoque.
(26,27,28)
La actualización de 2026 permite precisar el uso de antimicrobianos. En shock o sepsis
probable o definida se favorece administración inmediata, idealmente dentro de una
hora; en infección posible sin shock se contempla investigación rápida y tratamiento
dentro de tres horas si persiste preocupación. Una probabilidad baja sin shock permite
vigilancia y reevaluación, evitando convertir toda sospecha inespecífica en indicación
indiscriminada. (9)
El control del foco exige acciones diferentes según origen: drenaje, retirada de
dispositivos o intervención quirúrgica cuando estén indicados. La revisión sobre
estandarización de investigaciones muestra que definir adecuación y tiempo es
complejo; los estudios deben describir anatomía, factibilidad y condición fisiológica. La
recomendación no se traduce en una única maniobra aplicable a todos los focos
infecciosos. (21)
Los líquidos ilustran la necesidad de separar inicio y continuación. El beneficio depende
de déficit, respuesta y riesgo de congestión; los ensayos de estrategias restrictivas no
significan que una persona hipovolémica no deba recibir reanimación. Tampoco una
recomendación inicial justifica continuar aportes sin verificar perfusión, tolerancia y
necesidad de otras medidas. (23,24)
La elección del tipo de cristaloide tiene evidencia específica. El análisis de SMART en
sepsis y las síntesis comparativas aportan resultados que deben interpretarse
considerando diseño, subgrupos y contextos; no corresponde atribuir a un fluido toda la
diferencia de un proceso asistencial. En cirrosis o disfunción renal, la distribución de
volumen y la tolerancia requieren especial individualización. (29,30,31)
La discriminación de una escala no describe todo su valor. Un área bajo la curva elevada
puede coexistir con mala calibración, umbrales poco útiles o dificultades de
implementación; la utilidad depende de qué decisión desencadena y de recursos
disponibles. Las comparaciones deben incluir validación externa y desempeño en
grupos relevantes, además de precisión global.
El cribado privilegia reconocer pacientes que requieren evaluación, mientras que el
pronóstico intenta estimar desenlaces entre personas ya caracterizadas. Confundir esas
tareas puede retrasar atención cuando un qSOFA bajo se interpreta como exclusión. La
exploración clínica y las reevaluaciones conservan relevancia porque la sepsis es
dinámica y un resultado temprano puede cambiar con rapidez. (4,2,9)
Los biomarcadores deben integrarse a probabilidad clínica. Un valor elevado puede
apoyar una hipótesis o informar gravedad, pero no define por sí solo foco,
microorganismo o necesidad de intervención; uno bajo tampoco excluye todas las
formas de infección. La procalcitonina puede contribuir a decisiones de duración en
contextos específicos, distintas de la decisión urgente de iniciar tratamiento. (19,20,17)
La fragilidad requiere interpretación ética y clínica cuidadosa. Describe vulnerabilidad y
puede ayudar a anticipar necesidades, pero no reemplaza conversación sobre objetivos y
preferencias; la edad cronológica tampoco resume capacidad funcional. Registrar
situación previa permite distinguir disfunción aguda de limitaciones basales y planificar
recuperación, además de estimar riesgo inmediato. (11)
La mortalidad hospitalaria está afectada por transferencias, estancia y políticas de alta.
Dos centros pueden mostrar tasas diferentes sin que uno ofrezca mejor atención, porque
cambia el perfil de pacientes o el lugar donde ocurre el desenlace. Para comparación de
calidad se necesita ajuste adecuado y seguimiento; la descripción cruda es un punto de
partida, no un ranking.
La propuesta de variables para evaluación local debe incluir procesos y resultados.
Conviene registrar tiempos con definiciones claras, adecuación antimicrobiana,
oportunidad de control del foco, reevaluación y acceso a soporte, junto con gravedad
basal. La documentación de datos faltantes es esencial: ausencia de medición no
equivale a normalidad, y excluir casos incompletos puede seleccionar pacientes con
atención diferente.
Las limitaciones de la revisión incluyen heterogeneidad de definiciones y escenarios,
selección narrativa y ausencia de datos individuales. No se elaboró una puntuación
nueva ni se verificó calibración en población ecuatoriana. La fortaleza es separar
asociación, predicción y tratamiento, integrando actualización de guías sin reinterpretar
ensayos de UCI como resultados exclusivos del servicio de emergencia.
La investigación futura debería examinar trayectorias y no únicamente fotografías del
ingreso. La respuesta a tratamiento, aparición de nueva disfunción y recuperación
ofrecen información adicional, pero su inclusión en modelos exige evitar uso de datos
posteriores al momento de predicción. La validación temporal y multicéntrica permitiría
valorar si una herramienta mantiene utilidad cuando cambian prácticas y poblaciones.
Conclusiones
La mortalidad intrahospitalaria en adultos con sepsis atendidos inicialmente en los
servicios de emergencia está determinada por una interacción compleja entre
características del huésped, gravedad fisiológica, foco infeccioso, disfunción orgánica y
oportunidad del tratamiento.
Los factores que deben recibir especial atención durante la valoración inicial incluyen
edad avanzada, comorbilidades relevantes, hipotensión, shock séptico, elevación del
lactato, incremento del SOFA, alteraciones respiratorias, renales, neurológicas y
hematológicas, necesidad de vasopresores o ventilación mecánica, infección grave o con
control de foco complejo y tratamiento antimicrobiano tardío o inadecuado.
La evidencia actual favorece una evaluación multidimensional y dinámica. Ningún
biomarcador ni escala aislada permite establecer de manera absoluta el pronóstico
individual. El SOFA resulta especialmente útil para cuantificar la disfunción orgánica,
mientras que qSOFA puede contribuir a la identificación clínica de pacientes de mayor
riesgo, pero no debe emplearse como herramienta única para descartar sepsis.
En los servicios de emergencia, la reducción del riesgo de muerte requiere combinar
reconocimiento temprano, estratificación objetiva, tratamiento antimicrobiano
apropiado, estabilización hemodinámica, vigilancia de la función orgánica y control
oportuno del foco infeccioso.
La identificación de los factores asociados con mortalidad debe entenderse, por tanto,
no solamente como una herramienta pronóstica, sino como una oportunidad para
organizar sistemas de respuesta rápida y priorizar recursos hacia los pacientes con
mayor riesgo de deterioro.
Los factores pronósticos más útiles deben interpretarse según momento, contexto y
decisión que informan. La disfunción orgánica, perfusión y vulnerabilidad previa
permiten estratificar riesgo, pero ningún marcador aislado sustituye evaluación
dinámica. La propuesta articula reconocimiento y tratamiento oportunos con
reevaluación, distinguiendo mortalidad observada, capacidad predictiva y beneficio
causal de las intervenciones.
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