Factores de riesgo asociados a infecciones después de osteosíntesis de fracturas de
huesos largos.
Risk factors associated with infections after osteosynthesis of long bone fractures.
Fatores de risco associados a infecções após osteossíntese de fraturas de ossos longos.
Erik Fabrizio Noriega Moreno
Universidad Católica Santiago de Guayaquil
Médico general.
Ecuador
medicina y salud
erik.noriega@cu.ucsg.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-5318-3236
Forma de citación en APA, séptima edición.
Noriega, E. (2026). Factores de riesgo asociados a infecciones después de osteosíntesis de fracturas
de huesos largos. Revista Ibero Research, 1(7), 41 – 78.
Fecha
de
presentación:
30/08/2026
Fecha
de
aceptación:
01/09/2026
Fecha
de
publicación:
02/09/2026
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Resumen
Las infecciones posteriores a la osteosíntesis de fracturas de huesos largos representan
una complicación clínica capaz de comprometer la consolidación, la estabilidad del
implante y la recuperación funcional, con un origen multifactorial vinculado al huésped,
la gravedad de la lesión y el tratamiento. El objetivo consistió en identificar y sintetizar
los principales factores de riesgo asociados con infección después de la fijación
quirúrgica. Se desarrolló una revisión sistemática con síntesis narrativa conforme a
PRISMA 2020, orientada principalmente a PubMed/MEDLINE y literatura
especializada, con inclusión de estudios observacionales, revisiones sistemáticas y
metaanálisis en población adulta. La evidencia mostró asociaciones consistentes con
fractura abierta, lesión extensa de tejidos blandos, mayor grado Gustilo-Anderson,
tabaquismo, diabetes mellitus, ASA elevado, politraumatismo, traumatismo de alta
energía, síndrome compartimental, fijación externa, transfusión sanguínea y
procedimientos prolongados. En fracturas tibiales se añadieron asociaciones con doble
incisión y sexo masculino. El riesgo debe interpretarse de forma individual,
diferenciando factores potencialmente modificables de marcadores de gravedad, con
prevención preoperatoria, intraoperatoria y vigilancia posoperatoria.
Palabras clave: infección relacionada con fractura; fijación interna; tabaquismo;
diabetes mellitus; prevención perioperatoria.
42
Abstract
Infections after osteosynthesis of long bone fractures are a clinical complication that can
compromise fracture healing, implant stability, and functional recovery, with a
multifactorial origin related to host characteristics, injury severity, and treatment. The
objective was to identify and synthesize the main risk factors associated with infection
after surgical fracture fixation. A systematic review with narrative synthesis was
conducted following PRISMA 2020 principles, mainly oriented to PubMed/MEDLINE
and specialized literature, including observational studies, systematic reviews, and
meta-analyses in adults. The evidence showed consistent associations with open
fracture, extensive soft-tissue injury, higher Gustilo-Anderson grade, smoking, diabetes
mellitus, higher ASA classification, polytrauma, high-energy trauma, compartment
syndrome, external fixation, blood transfusion, and prolonged procedures. In tibial
fractures, double-incision approaches and male sex were also reported as associated
factors. Risk should be interpreted individually, distinguishing potentially modifiable
factors from markers of injury severity, with prevention extending from preoperative
assessment to intraoperative management and postoperative surveillance.
Keywords: fracture-related infection; internal fixation; smoking; diabetes mellitus;
perioperative prevention.
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Resumo
As infecções após a osteossíntese de fraturas de ossos longos constituem uma
complicação clínica capaz de comprometer a consolidação, a estabilidade do implante e
a recuperação funcional, com origem multifatorial relacionada ao hospedeiro, à
gravidade da lesão e ao tratamento. O objetivo foi identificar e sintetizar os principais
fatores de risco associados à infecção após a fixação cirúrgica. Foi realizada uma
revisão sistemática com síntese narrativa segundo os princípios do PRISMA 2020,
orientada principalmente ao PubMed/MEDLINE e à literatura especializada, incluindo
estudos observacionais, revisões sistemáticas e metanálises em adultos. A evidência
mostrou associações consistentes com fratura exposta, lesão extensa de tecidos moles,
maior grau de Gustilo-Anderson, tabagismo, diabetes mellitus, ASA elevado,
politrauma, trauma de alta energia, síndrome compartimental, fixação externa,
transfusão sanguínea e procedimentos prolongados. Em fraturas tibiais, também foram
descritas associações com dupla incisão e sexo masculino. O risco deve ser interpretado
individualmente, distinguindo fatores potencialmente modificáveis de marcadores de
gravidade, com prevenção pré-operatória, intraoperatória e vigilância pós-operatória.
Palavras-chave: infecção relacionada à fratura; fixação interna; tabagismo; diabetes
mellitus; prevenção perioperatória.
Introducción
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Las fracturas de huesos largos constituyen lesiones de elevada relevancia clínica por su
capacidad de comprometer la movilidad, la autonomía y la función del segmento
afectado, además de generar necesidades de atención quirúrgica, rehabilitación y
seguimiento prolongado; dentro de este escenario, la osteosíntesis mediante placas,
tornillos, clavos intramedulares u otros sistemas de fijación permite restituir estabilidad
mecánica y favorecer la consolidación, aunque la implantación de material y la
exposición quirúrgica introducen un riesgo infeccioso que adquiere especial importancia
cuando existen contaminación, exposición ósea o daño extenso de tejidos blandos [10].
La infección posterior a la fijación de una fractura no debe reducirse a una alteración
superficial de la herida quirúrgica, porque puede involucrar simultáneamente el hueso,
los tejidos blandos y el material de osteosíntesis, modificar la estabilidad del foco de
fractura y prolongar el curso terapéutico; sus consecuencias clínicas incluyen retraso de
la consolidación, pseudoartrosis, pérdida de estabilidad, necesidad de nuevas
intervenciones, deterioro funcional y, en situaciones graves, amputación, de modo que
su prevención y reconocimiento temprano forman parte central del manejo
traumatológico.
El concepto de infección relacionada con la fractura, denominado fracture-related
infection o FRI en la literatura internacional, amplió el marco clásico de infección del
sitio quirúrgico al establecer criterios confirmatorios específicos; entre ellos se
reconocen la presencia de fístula, seno o dehiscencia con comunicación hacia el hueso o
el implante, drenaje purulento, aislamiento del mismo microorganismo en múltiples
muestras profundas independientes o identificación histopatológica de microorganismos
en tejido profundo, criterios desarrollados por consensos internacionales para mejorar la
uniformidad diagnóstica [6,7].
45
La relevancia del material de osteosíntesis se relaciona también con la posibilidad de
formación de biofilm, fenómeno que favorece la persistencia de microorganismos
adheridos a superficies metálicas y dificulta su erradicación mediante antimicrobianos
aislados; la literatura de consenso incorporada en la investigación de base plantea que el
tratamiento de la FRI requiere integrar la condición del implante, la estabilidad de la
fractura, el estado de los tejidos blandos, los hallazgos microbiológicos y la necesidad
de estrategias quirúrgicas y antimicrobianas coordinadas [8,9].
El riesgo de infección no depende exclusivamente de una técnica quirúrgica particular,
ya que la evidencia sintetizada muestra una interacción entre factores propios del
huésped, características del traumatismo, daño de tejidos blandos y variables
perioperatorias; diabetes mellitus, tabaquismo, estado fisiológico desfavorable, fractura
abierta, mayor clasificación Gustilo-Anderson, politraumatismo, trauma de alta energía,
síndrome compartimental, necesidad de fijación externa, transfusión y procedimientos
prolongados aparecen de manera reiterada como variables asociadas, aunque su papel
causal no es equivalente en todos los contextos.
Entre los factores relacionados con el paciente, la diabetes mellitus ocupa una posición
relevante por la asociación descrita con complicaciones infecciosas y por los
mecanismos biológicos consignados en la investigación, entre ellos alteración de la
función leucocitaria, deterioro de la respuesta inmunitaria, compromiso de la
microcirculación y dificultades de cicatrización; esta condición adquiere interés
preventivo porque la evaluación metabólica preoperatoria permite reconocer un
componente sistémico que puede coexistir con una lesión traumatológica compleja y
aumentar la vulnerabilidad del huésped [1].
El tabaquismo representa otro componente de interés por su carácter potencialmente
modificable, dado que la nicotina y otros componentes del humo pueden inducir
46
vasoconstricción, alterar la oxigenación tisular y afectar la reparación de los tejidos; su
asociación con mayor frecuencia de infección después de la fijación de fracturas se
mantiene tanto en la revisión de fracturas abiertas como en la síntesis específica de
fracturas tibiales, lo que justifica incorporarlo de forma sistemática en la valoración de
riesgo y en las medidas de optimización preoperatoria [1,2].
El estado general del paciente se refleja parcialmente mediante la clasificación de la
American Society of Anesthesiologists, utilizada como indicador de carga de
comorbilidad y condición fisiológica; la revisión sobre infecciones tibiales identificó
asociación entre ASA superior a 2 e infección, mientras que la cohorte multicéntrica
citada también señaló un ASA elevado entre los factores independientes, de manera que
la valoración integral del huésped no debe limitarse a la presencia de una sola
enfermedad sino considerar el contexto sistémico en el que se realiza la fijación [2,3].
Las características de la fractura adquieren un peso particular en la estratificación,
especialmente cuando existe comunicación con el ambiente externo; la fractura abierta
combina contaminación bacteriana, destrucción de tejidos blandos y pérdida de
cobertura, condiciones que incrementan la dificultad de control local y que pueden
acompañarse de exposición ósea, necesidad de desbridamientos y estrategias
escalonadas de estabilización, por lo que la evidencia sobre fracturas abiertas la sitúa
entre los factores con asociación más consistente con infección [1].
La clasificación Gustilo-Anderson permite expresar parte de la gravedad de las fracturas
abiertas y del compromiso de tejidos blandos, de modo que los grados superiores,
particularmente las lesiones de mayor severidad, reflejan una combinación de
destrucción tisular, contaminación y exposición ósea más marcada; la síntesis específica
de fracturas tibiales confirmó la asociación entre grados Gustilo-Anderson elevados e
47
infección, lo que refuerza la necesidad de interpretar la clasificación no como un dato
aislado sino como una representación clínica de la magnitud del daño [2].
Los traumatismos de alta energía y el politraumatismo constituyen asimismo escenarios
de mayor complejidad, porque pueden asociarse con destrucción tisular extensa, lesión
vascular, contaminación, inestabilidad fisiológica, transfusiones y procedimientos
múltiples; en este contexto, la infección puede emerger de la acumulación de
exposiciones y no de una sola variable, por lo que el análisis preventivo requiere
reconocer que la lesión grave modifica simultáneamente las condiciones locales y
sistémicas del paciente [1-3].
Las variables relacionadas con el tratamiento aportan una dimensión adicional, dado que
una duración quirúrgica igual o superior a 180 minutos fue identificada como factor
independiente en la cohorte multicéntrica de Wang y colaboradores, mientras que la
fijación externa, la transfusión sanguínea y el síndrome compartimental mostraron
asociaciones relevantes en fracturas tibiales; sin embargo, la propia investigación
advierte que estas variables pueden reflejar lesiones más graves y no deben interpretarse
automáticamente como causas directas de infección [2,3].
La localización tibial merece atención particular dentro de la evidencia incluida, porque
la revisión sistemática y metaanálisis de Niebuhr y colaboradores reunió 42
investigaciones y describió asociaciones con síndrome compartimental, transfusión,
fractura abierta, mayor grado Gustilo-Anderson, fijación externa, ASA elevado,
politrauma, abordajes con doble incisión, tabaquismo, sexo masculino y trauma de alta
energía; esta amplitud de factores ilustra la complejidad del riesgo en un segmento
anatómico donde el estado de los tejidos blandos resulta determinante [2].
La cohorte multicéntrica publicada en 2025 aportó otra perspectiva al informar una
incidencia aproximada de 1,7 % de infección después de la fijación de fracturas y
48
señalar como factores independientes distintas categorías de índice de masa corporal,
tabaquismo, ASA elevado, traumatismo de alta energía, diabetes, fractura abierta,
duración quirúrgica igual o superior a 180 minutos y otros factores perioperatorios;
además, Staphylococcus aureus fue el microorganismo predominante entre los casos de
infección [3].
La bibliografía incorporada al documento fuente abarca, además, trabajos centrados en
fracturas de tobillo, meseta tibial, clavos intramedulares en tibia abierta, fracturas de
tobillo, meseta tibial y clavos intramedulares en tibia abierta, lo que permite situar la
pregunta clínica en diferentes escenarios de fijación sin asumir que todos los resultados
sean directamente intercambiables; la diversidad anatómica y metodológica de esos
antecedentes contribuye precisamente a la heterogeneidad que justificó una síntesis
narrativa en lugar de un metaanálisis propio [12-15].
El vacío de conocimiento abordado se relaciona con la necesidad de integrar factores
procedentes de niveles distintos de la atención, porque una lectura fragmentada puede
sobrevalorar una exposición aislada y omitir la interacción entre huésped, lesión y
procedimiento; una síntesis organizada permite reconocer qué variables aparecen de
manera más consistente, cuáles son potencialmente modificables, cuáles funcionan
principalmente como marcadores de gravedad y en qué momentos del proceso
asistencial pueden aplicarse medidas preventivas.
El objetivo general consistió en identificar y sintetizar los principales factores de riesgo
asociados con la aparición de infección después de la osteosíntesis de fracturas de
huesos largos, considerando factores relacionados con el paciente, la fractura, los tejidos
blandos y el tratamiento quirúrgico; la fuente original no formuló objetivos específicos
independientes ni una hipótesis causal, por lo que la organización analítica se mantuvo
49
mediante categorías de evidencia sin agregar objetivos o supuestos que no estuvieran
expresamente sustentados.
Metodología
Se desarrolló una revisión sistemática de la literatura con síntesis narrativa, estructurada
de acuerdo con los principios de PRISMA 2020, con el propósito de organizar de
manera transparente la identificación, selección, evaluación y síntesis de la evidencia
disponible; el diseño no correspondió a una investigación clínica primaria, por lo que no
existió reclutamiento directo de participantes, intervención experimental ni seguimiento
prospectivo de una cohorte propia, y la unidad de análisis estuvo constituida por
publicaciones científicas relacionadas con infección posterior a la fijación de fracturas
[4,5].
No se efectuó un metaanálisis propio debido a la heterogeneidad existente entre las
poblaciones estudiadas, los tipos y localizaciones de fractura, las definiciones de
infección utilizadas, las técnicas de fijación, los periodos de seguimiento y las medidas
de asociación reportadas; esta decisión metodológica se mantuvo porque una
combinación cuantitativa sin homogeneidad suficiente podía transmitir una precisión
aparente que no estaba respaldada por la fuente, por lo que se priorizó una lectura
comparativa y categorial de los factores descritos.
El enfoque de la revisión fue analítico y descriptivo, orientado a identificar patrones de
asociación y a diferenciar factores del huésped, características de la fractura,
condiciones de tejidos blandos y variables relacionadas con el tratamiento; la síntesis
narrativa permitió discutir la consistencia de los hallazgos, su plausibilidad clínica y las
precauciones necesarias para no confundir marcadores de gravedad con factores
50
causales, sin transformar asociaciones observacionales en relaciones de causalidad no
demostradas.
La pregunta de investigación fue: ¿Cuáles son los principales factores de riesgo
asociados con el desarrollo de infección después de la osteosíntesis de fracturas de
huesos largos?, interrogante que delimitó el desenlace de interés y permitió organizar la
revisión alrededor de exposiciones clínicas, traumáticas y terapéuticas relevantes,
manteniendo como eje la infección relacionada con la fractura o la infección del sitio
quirúrgico posterior a osteosíntesis.
Se utilizó una estructura PICO adaptada en la que la población correspondió a pacientes
adultos con fracturas de huesos largos, la intervención o exposición se definió como la
presencia de factores de riesgo relacionados con el paciente, la lesión o el tratamiento, el
comparador estuvo constituido por pacientes sin el factor evaluado y el desenlace fue la
infección relacionada con la fractura o la infección del sitio quirúrgico después de la
fijación; la adaptación respondió a la naturaleza observacional de gran parte de la
evidencia y no implicó una intervención experimental.
La búsqueda se orientó principalmente a PubMed/MEDLINE y se complementó con
literatura científica especializada en traumatología y ortopedia, con prioridad para
revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios observacionales y cohortes con análisis
multivariable; la estrategia disponible no registró fechas exactas de ejecución para cada
consulta ni una cadena reproducible completa por plataforma, circunstancia que se
consideró al valorar la reproducibilidad metodológica y el alcance de la síntesis.
La estrategia conceptual combinó los términos “fracture-related infection”, “surgical
site infection”, “osteosynthesis”, “internal fixation”, “long bone fracture”, “risk factors”,
“infection after fracture fixation”, “tibial fracture” y “open fracture”, vocabulario que
permitió abarcar el concepto contemporáneo de infección relacionada con fractura, la
51
terminología de infección del sitio quirúrgico y las principales modalidades de fijación;
la síntesis se mantuvo dentro de los descriptores y criterios de selección documentados.
La selección de fuentes priorizó evidencia capaz de aportar información sobre
asociaciones y factores de riesgo, por lo que los metaanálisis y revisiones sistemáticas
tuvieron utilidad para identificar patrones repetidos entre estudios, mientras que las
cohortes con análisis multivariable permitieron considerar variables independientes en
poblaciones específicas; la revisión también incorporó documentos de consenso sobre
definición, diagnóstico y tratamiento de FRI para sostener el marco conceptual y evitar
una interpretación limitada a la infección superficial de la herida [4-9].
Los criterios de inclusión comprendieron estudios realizados en población adulta,
investigaciones de pacientes sometidos a tratamiento quirúrgico de fracturas, trabajos
centrados en fracturas de huesos largos, publicaciones que evaluaran infección como
desenlace y estudios que identificaran factores de riesgo o variables asociadas; se
consideraron revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios observacionales
publicados en revistas científicas indexadas o en bases bibliográficas reconocidas, con
el objetivo de mantener un nivel de evidencia compatible con la pregunta de
investigación.
Los criterios de exclusión comprendieron estudios exclusivamente pediátricos,
investigaciones centradas en prótesis articulares sin relación con fracturas, estudios
experimentales en animales, comunicaciones sin información suficiente y publicaciones
duplicadas; estos criterios permitieron conservar el foco en osteosíntesis por fractura y
evitar la mezcla con infecciones protésicas articulares, cuya fisiopatología, población y
estrategias terapéuticas pueden compartir elementos con FRI pero corresponden a un
campo clínico diferente.
52
Los factores identificados se organizaron en categorías relacionadas con el paciente, la
fractura y los tejidos blandos, y el tratamiento quirúrgico, complementadas con una
dimensión microbiológica y un apartado preventivo; dentro del huésped se incluyeron
principalmente diabetes mellitus, tabaquismo y estado general expresado por la
clasificación ASA, mientras que en la lesión se consideraron fractura abierta, gravedad
según Gustilo-Anderson, traumatismo de alta energía y politraumatismo.
En el componente terapéutico se sintetizaron la duración de la intervención, la
necesidad de fijación externa, el síndrome compartimental y la transfusión sanguínea,
manteniendo la precaución interpretativa de que algunas exposiciones pueden estar
vinculadas a la gravedad basal de la lesión; en el componente microbiológico se recogió
el predominio de Staphylococcus aureus descrito en la cohorte multicéntrica y la
relevancia del biofilm como mecanismo de persistencia sobre superficies implantadas
[3,6-11].
El procesamiento de la información se realizó mediante síntesis narrativa y comparación
cualitativa de hallazgos, sin que la fuente original reportara software estadístico o
bibliográfico específico, cálculo de tamaños de efecto combinados, pruebas de
heterogeneidad, metarregresión o análisis de sensibilidad propios; en consecuencia, no
se añadieron valores p, intervalos de confianza, odds ratios, riesgos relativos ni
estimaciones numéricas que no estuvieran consignadas en la investigación base.
La revisión se estructuró conforme a PRISMA 2020; los registros disponibles no
incluyeron recuentos completos de referencias identificadas, duplicados eliminados,
textos evaluados ni estudios finalmente incluidos, por lo que el flujo de selección se
describió de manera narrativa sin atribuir cantidades no documentadas. Esta
característica limita la reproducibilidad del proceso de selección y debe considerarse al
interpretar el alcance de la síntesis [4,5].
53
No se reportó una evaluación formal del riesgo de sesgo mediante una herramienta
específica para estudios observacionales o revisiones, lo que limita la capacidad de
graduar la certeza de cada asociación; en consecuencia, la interpretación se apoyó en la
consistencia narrativa y en la convergencia de resultados entre fuentes, diferenciando la
presencia de una asociación de la fuerza causal que requeriría evaluación metodológica
estructurada.
Por tratarse de una revisión de literatura publicada, no existió intervención directa sobre
pacientes ni recolección primaria de datos clínicos; la fuente no registró aprobación de
comité de ética, número de protocolo o consentimiento informado, aspectos que no
corresponden de la misma forma que en una investigación clínica primaria. La
integridad científica se sustentó en la preservación de los datos reportados, la
trazabilidad de las citas y la diferenciación entre evidencia publicada e interpretación
clínica.
Resultados
La evidencia revisada mostró que la infección posterior a la osteosíntesis de fracturas de
huesos largos corresponde a un fenómeno multifactorial, en el que las asociaciones más
consistentes se distribuyen entre características del huésped, gravedad de la fractura y
de los tejidos blandos, condición sistémica del paciente y complejidad del tratamiento;
no se identificó un único predictor capaz de explicar por sí solo el desenlace, por lo que
la lectura de los resultados requiere considerar acumulación e interacción de
exposiciones.
Las fuentes de mayor peso dentro de la síntesis incluyeron un metaanálisis sobre
fracturas abiertas, una revisión sistemática y metaanálisis específica para infecciones
tibiales y una cohorte multicéntrica sobre infección posterior a la fijación de fracturas;
54
estas publicaciones aportaron información complementaria, ya que la primera enfatizó
factores de huésped y gravedad en fracturas abiertas, la segunda reunió 42
investigaciones tibiales y la tercera informó una incidencia aproximada de 1,7 % junto
con factores independientes y datos microbiológicos [1-3].
Antes de detallar los factores por categoría, la Tabla 1 resume únicamente los datos
explícitos disponibles en las fuentes principales descritas por la investigación, con el
propósito de separar los resultados realmente documentados de cualquier estimación
que no forme parte del material original.
Tabla 1. Síntesis de las principales fuentes de evidencia y datos explícitamente reportados
Fuente
Diseño o alcance
Dato cuantitativo
disponible en la
investigación
Hallazgos sintetizados
Kortram et al. [1]
Revisión sistemática y
metaanálisis de fracturas
abiertas
Número de estudios no
reportado en la síntesis
disponible.
Asociaciones con sexo
masculino, diabetes,
tabaquismo, fracturas de
miembros inferiores,
Gustilo III,
contaminación y
politraumatismo.
Niebuhr et al. [2]
Revisión sistemática y
metaanálisis de
infecciones tibiales
42 investigaciones.
Síndrome
compartimental,
transfusión, fractura
abierta, mayor
Gustilo-Anderson,
fijación externa, ASA
elevado, politrauma,
doble incisión,
tabaquismo, sexo
masculino y trauma de
alta energía.
Wang et al. [3]
Cohorte multicéntrica de
infección tras fijación de
fracturas
Incidencia
aproximada de 1,7
%; duración
quirúrgica ≥180
minutos como
factor
independiente.
Categorías de IMC,
tabaquismo, ASA
elevado, trauma de alta
energía, diabetes, fractura
abierta y variables
perioperatorias;
Staphylococcus aureus
predominante.
PRISMA 2020 [4,5]
Guía de reporte para
revisiones sistemáticas
No corresponde a un
estudio de incidencia o
asociación.
Marco de transparencia
para identificación,
selección, evaluación y
síntesis de evidencia.
Nota. Elaboración a partir de la información expresamente descrita en el documento fuente; no se añadieron
tamaños de efecto, intervalos de confianza ni cifras ausentes.
La tabla evidencia que los datos cuantitativos disponibles son limitados y se concentran
en el número de investigaciones incluidas en la revisión tibial, la incidencia aproximada
informada por la cohorte multicéntrica y el umbral de duración quirúrgica señalado por
55
ese mismo estudio; por ello, la síntesis se apoya principalmente en la consistencia
cualitativa de asociaciones y no en una comparación numérica entre tamaños de efecto.
La distribución temporal de las fuentes permite observar la concentración cronológica
de la evidencia utilizada en la síntesis y contextualizar la combinación de estudios
clásicos con publicaciones recientes; el recuento se construyó exclusivamente a partir de
las quince referencias incluidas en la versión final, sin convertir el año de publicación
en un indicador de calidad metodológica.
Gráfico 1. Distribución temporal de las fuentes incluidas en la síntesis
Fuente: Elaboración a partir de las referencias 1-15.
El patrón temporal muestra una concentración de publicaciones entre 2019 y 2021,
seguida de nuevas aportaciones en 2024 y 2025; esta distribución evidencia que el
marco conceptual de infección relacionada con fractura se apoya en consensos y
revisiones previas, mientras que la actualización del perfil de riesgo incorpora
metaanálisis y cohortes recientes, por lo que la interpretación combina continuidad
conceptual y evidencia contemporánea.
La diabetes mellitus se identificó como uno de los factores sistémicos más recurrentes,
con asociación significativa en el metaanálisis de fracturas abiertas y presencia entre las
variables independientes de la cohorte multicéntrica; el documento relaciona esta
vulnerabilidad con alteraciones de la función leucocitaria, reducción de la respuesta
56
inmunitaria, compromiso de la microcirculación y deterioro de la cicatrización,
elementos que pueden disminuir la capacidad del huésped para controlar una
contaminación bacteriana en un entorno de trauma y material implantado [1,3].
El tabaquismo presentó una asociación repetida en diferentes niveles de evidencia y fue
considerado un factor potencialmente modificable, ya que sus efectos sobre
vasoconstricción, oxigenación tisular y reparación de tejidos pueden coincidir con una
lesión local que ya presenta edema, contusión o pérdida de cobertura; su presencia en el
metaanálisis de fracturas abiertas, en la revisión tibial y en la cohorte multicéntrica
refuerza la utilidad de documentarlo como parte de la valoración preoperatoria [1-3].
La clasificación ASA elevada funcionó como indicador del estado general y de la carga
de comorbilidad, con asociación entre ASA superior a 2 e infección en la revisión de
fracturas tibiales y presencia del ASA elevado entre los factores independientes de la
cohorte multicéntrica; el hallazgo sugiere que la valoración de riesgo debe incorporar el
estado fisiológico global y no limitarse a la anatomía de la fractura, porque una lesión
similar puede evolucionar de forma diferente según la reserva sistémica del paciente
[2,3].
El índice de masa corporal apareció en la cohorte multicéntrica a través de diferentes
categorías asociadas con infección, aunque la investigación base no proporcionó los
puntos de corte, los tamaños de efecto ni una síntesis equivalente en las otras fuentes
principales; por esa razón, se mantuvo como un hallazgo complementario y no se elevó
al mismo nivel de consistencia que diabetes, tabaquismo o ASA, evitando extrapolar
una relación cuantitativa que no estaba documentada [3].
El sexo masculino fue identificado como variable asociada tanto en la revisión de
fracturas abiertas como en el metaanálisis tibial, pero la fuente no aportó una
explicación causal ni datos suficientes para determinar si la asociación refleja patrones
57
de exposición al trauma, características clínicas o factores de confusión; en
consecuencia, se conserva como un marcador epidemiológico reportado y no como una
variable modificable sobre la que pueda plantearse una intervención preventiva directa
[1,2].
La Tabla 2 organiza los factores del huésped según su carácter modificable y el tipo de
interpretación permitida por la fuente, evitando asignar magnitudes de riesgo no
disponibles en el documento original.
Tabla 2. Factores del huésped asociados con infección posterior a osteosíntesis
Factor
Evidencia descrita
Condición modificable
Interpretación
sustentada
Diabetes mellitus
Asociación en fracturas
abiertas y presencia entre
factores independientes
de cohorte multicéntrica
[1,3].
Potencialmente
optimizable mediante
control metabólico.
Factor sistémico relevante
para estratificación
preoperatoria.
Tabaquismo
Asociación en fracturas
abiertas, fracturas tibiales
y cohorte multicéntrica
[1-3].
Sí, potencialmente
modificable.
Exposición prioritaria
para prevención
preoperatoria.
ASA elevado
ASA >2 asociado en
revisión tibial; ASA
elevado también señalado
en cohorte multicéntrica
[2,3].
No de forma directa;
refleja comorbilidad y
estado fisiológico.
Marcador de
vulnerabilidad sistémica y
necesidad de valoración
integral.
Categorías de IMC
Señaladas como factores
independientes en la
cohorte multicéntrica [3].
Potencialmente
modificable en
determinados contextos.
Hallazgo complementario
sin umbrales ni tamaños
de efecto consignados.
Sexo masculino
Asociación reportada en
fracturas abiertas y en
revisión tibial [1,2].
No.
Marcador
epidemiológico, sin
atribución causal en la
fuente.
Nota. La clasificación de modificabilidad corresponde a una interpretación clínica general de los factores
descritos; no representa un tamaño de efecto ni una relación causal demostrada.
La síntesis del huésped muestra una diferencia relevante entre exposiciones
potencialmente intervenibles y marcadores no modificables, ya que tabaquismo y
control metabólico ofrecen oportunidades de optimización, mientras que sexo y ASA
sirven principalmente para reconocer vulnerabilidad; esta distinción evita que la
prevención se limite a enumerar factores y orienta la valoración hacia acciones
concretas cuando la condición clínica permite modificarlas.
58
La diversidad metodológica de las fuentes se examinó para identificar qué tipos de
evidencia sostienen los factores sintetizados, diferenciando revisiones sistemáticas y
metaanálisis, consensos, documentos metodológicos, revisiones clínicas, cohortes y
estudios de factores de riesgo; el gráfico representa el tipo de publicación de las
referencias finales y no una jerarquía automática de validez.
Gráfico 2. Distribución de las fuentes por tipo de evidencia
Fuente: Elaboración a partir de las referencias 1-15.
La mayor proporción corresponde a revisiones sistemáticas y metaanálisis,
acompañadas por documentos de consenso y revisiones clínicas que aportan definición,
diagnóstico y principios terapéuticos; la presencia de una cohorte multicéntrica y de
estudios específicos de factores de riesgo complementa la síntesis con datos
observacionales, combinación pertinente para una pregunta centrada en asociaciones
clínicas más que en eficacia de una intervención única.
La fractura abierta se situó entre los factores de asociación más consistente, debido a
que establece comunicación entre el foco de fractura y el ambiente externo y puede
acompañarse de contaminación bacteriana, destrucción de tejidos blandos y pérdida de
cobertura; esta condición apareció tanto en el metaanálisis de fracturas abiertas como en
59
la revisión tibial y en la cohorte multicéntrica, lo que confirma su relevancia transversal
dentro de poblaciones y diseños diferentes [1-3].
La gravedad según Gustilo-Anderson mostró un gradiente clínico en el que las lesiones
de mayor grado se asociaron con mayor riesgo de infección, especialmente las fracturas
Gustilo III y los grados superiores descritos en la revisión tibial; la interpretación debe
vincularse con la magnitud de la lesión de tejidos blandos, la contaminación y la
exposición ósea, porque la clasificación resume características que condicionan la
posibilidad de cobertura, el manejo del foco y la necesidad de procedimientos sucesivos
[1,2].
El daño de tejidos blandos funcionó como un componente transversal de la gravedad,
aunque no siempre apareció expresado mediante una variable única; la destrucción
tisular, la pérdida de cobertura, la lesión muscular, el edema y el compromiso vascular
se relacionaron con escenarios como fractura abierta, Gustilo avanzado, trauma de alta
energía y síndrome compartimental, por lo que la evaluación local del tejido adquiere un
valor explicativo que complementa las categorías diagnósticas de la fractura.
El traumatismo de alta energía se asoció con infección en la cohorte multicéntrica y en
la revisión tibial, y su relevancia se comprende por la posibilidad de producir
destrucción extensa, lesión vascular, contaminación y politraumatismo; la variable no
debe interpretarse únicamente como descripción del mecanismo, sino como un
indicador clínico de la intensidad del daño que puede condicionar tanto el estado local
del miembro como la complejidad del tratamiento requerido [2,3].
El politraumatismo se identificó de forma repetida en la literatura de fracturas abiertas y
tibiales, con una combinación de lesión tisular, alteraciones fisiológicas, necesidad de
transfusiones, procedimientos múltiples y estabilización temporal; su asociación con
infección puede representar la acumulación de exposiciones sistémicas y locales, de
60
manera que la interpretación causal debe ser prudente y reconocer que la gravedad
global del trauma puede confundir la relación entre una intervención específica y el
desenlace [1,2].
El síndrome compartimental se destacó particularmente en la revisión tibial como
marcador de lesión tisular, ya que puede implicar edema, compromiso vascular, daño
muscular y necesidad de procedimientos adicionales; la fuente no lo presenta como un
mecanismo infeccioso directo, sino como una condición que refleja mayor severidad del
daño y que puede modificar el entorno biológico sobre el que se realiza la osteosíntesis
[2].
La Tabla 3 sintetiza las variables de la lesión y los tejidos blandos que mostraron
asociación en las fuentes principales, diferenciando su significado clínico de una
interpretación causal directa.
Tabla 3. Factores relacionados con la fractura, la energía del trauma y los tejidos blandos
Factor
Base de asociación
descrita
Componente clínico
reflejado
Cautela interpretativa
Fractura abierta
Asociación consistente en
las principales fuentes
[1-3].
Contaminación,
comunicación con el
exterior, daño y pérdida
de cobertura.
La gravedad varía según
el grado de lesión y
contaminación.
Gustilo-Anderson
avanzado
Gustilo III y grados
superiores asociados con
infección [1,2].
Mayor destrucción de
tejidos blandos,
contaminación y
exposición ósea.
La clasificación resume
múltiples componentes de
gravedad.
Trauma de alta energía
Asociación en revisión
tibial y cohorte
multicéntrica [2,3].
Mayor intensidad del
daño, posible lesión
vascular y politrauma.
Puede coexistir con
múltiples factores de
confusión.
Politraumatismo
Asociación en literatura
de fracturas abiertas y
tibiales [1,2].
Carga sistémica y local de
lesión, procedimientos
múltiples.
Puede actuar como
marcador de severidad
global.
Síndrome compartimental
Asociación relevante en
fracturas tibiales [2].
Daño muscular, edema,
compromiso vascular y
procedimientos
adicionales.
Se interpreta
principalmente como
marcador de lesión tisular
grave.
Nota. Síntesis basada en las asociaciones descritas en la investigación; no se asignaron porcentajes o
probabilidades no disponibles.
Los resultados de esta categoría muestran que la anatomía de la fractura por sola no
explica el riesgo, porque el estado de los tejidos blandos y la energía del mecanismo
condicionan la exposición bacteriana, la posibilidad de cobertura y la complejidad de la
61
estabilización; por ello, la clasificación de la lesión debe integrarse con una valoración
local detallada y con el contexto sistémico del trauma.
El enfoque anatómico y metodológico de las publicaciones se organizó para valorar
hasta qué punto la evidencia procede de fracturas de huesos largos en general o de
localizaciones específicas; esta clasificación se basó en el objeto explícito de cada
referencia y permite visualizar la contribución de tibia, tobillo, fracturas abiertas,
infección relacionada con fractura en general y documentos PRISMA.
Gráfico 3. Enfoque anatómico o metodológico de las fuentes incluidas
Fuente: Elaboración a partir de las referencias 1-15.
La mayor parte de las fuentes aborda infección relacionada con fractura o fijación de
fracturas de manera general, mientras que tibia y tobillo constituyen los focos
anatómicos específicos más representados; esta composición explica parte de la
heterogeneidad de la revisión y justifica evitar extrapolaciones directas entre
localizaciones, debido a que el estado de tejidos blandos, la energía del trauma y las
estrategias de fijación difieren entre segmentos.
La duración de la intervención se relacionó con infección en la cohorte multicéntrica,
donde un tiempo quirúrgico igual o superior a 180 minutos fue identificado como factor
independiente; los procedimientos prolongados pueden implicar mayor exposición de
tejidos, pérdida sanguínea, manipulación quirúrgica y contaminación potencial, aunque
62
la fuente advierte que un tiempo mayor también puede reflejar fracturas más complejas
y necesidades reconstructivas o de fijación más exigentes [3].
La fijación externa mostró asociación con infección en el metaanálisis de fracturas
tibiales, pero su interpretación requiere cautela porque suele utilizarse en pacientes con
mayor daño de tejidos blandos, fracturas abiertas o necesidad de estabilización
temporal; por tanto, la asociación no permite concluir que el dispositivo externo
provoque por sí mismo la infección, y puede existir confusión por indicación debido a la
selección de casos más graves para este tipo de estrategia [2].
La transfusión sanguínea también fue asociada con infección en pacientes con fracturas
tibiales, aunque la investigación subraya la posibilidad de confusión por indicación, ya
que quienes requieren transfusión suelen presentar mayor pérdida sanguínea, lesiones de
alta energía o compromiso sistémico más importante; en este escenario, la transfusión
puede funcionar como marcador de gravedad clínica y no necesariamente como una
exposición causal independiente [2].
Los abordajes con doble incisión aparecieron entre las variables asociadas en el
metaanálisis tibial, pero la fuente base no proporcionó magnitud del efecto, localización
específica dentro del espectro de fracturas tibiales ni ajuste por complejidad de la lesión;
en consecuencia, se mantuvo como hallazgo específico de esa síntesis y no se generalizó
a todas las fracturas de huesos largos ni se interpretó como recomendación para evitar
un abordaje determinado [2].
La elección del implante y de la estrategia de fijación debe adaptarse a la estabilidad
requerida, las características del hueso y el estado de los tejidos blandos, principio que
adquiere relevancia cuando existe infección o elevado riesgo de desarrollarla; las
recomendaciones de consenso incluidas en la bibliografía resaltan que el manejo de FRI
63
debe integrar estabilidad, desbridamiento, cobertura y tratamiento antimicrobiano, sin
depender de una sola intervención aislada [8,9].
Los estafilococos poseen relevancia dentro de la infección relacionada con la fractura
por su capacidad de adherirse a superficies metálicas y formar biofilm, condición que
puede reducir la eficacia de los antimicrobianos y favorecer la persistencia de
microorganismos sobre el implante; la investigación base enfatiza que este mecanismo
obliga a interpretar la infección como un proceso que puede involucrar simultáneamente
hueso, tejidos blandos y material de osteosíntesis [6-10].
En la cohorte multicéntrica de Wang y colaboradores, Staphylococcus aureus fue el
microorganismo predominante entre los casos de infección, dato que aporta una
referencia microbiológica concreta dentro de una revisión centrada principalmente en
factores de riesgo clínicos; sin embargo, la fuente no proporcionó la proporción exacta
de aislamientos, distribución de resistencia, presencia de infección polimicrobiana ni
comparación entre microorganismos, por lo que no se añadieron cifras o perfiles
microbiológicos no reportados [3].
El diagnóstico de FRI debe integrar hallazgos clínicos, microbiológicos,
histopatológicos e imagenológicos, evitando depender exclusivamente de cultivos
superficiales; esta perspectiva es coherente con los consensos utilizados como
fundamento conceptual, que diferencian criterios confirmatorios y sugieren la obtención
de muestras profundas como parte de una evaluación diagnóstica estructurada, sin que
la revisión actual pretenda sustituir una guía terapéutica o diagnóstica específica [6,7].
La Tabla 4 integra factores terapéuticos y microbiológicos, señalando los datos
concretos que la fuente permite sostener y las principales precauciones para evitar
inferencias causales no justificadas.
64
Tabla 4. Factores terapéuticos y microbiológicos relevantes en la síntesis
Variable
Resultado descrito
Interpretación clínica
Límite de la evidencia
disponible
Duración quirúrgica
≥180 minutos como
factor
independiente en
cohorte
multicéntrica [3].
Puede reflejar exposición
prolongada y mayor
complejidad.
No se consignan tamaños
de efecto en la fuente
base.
Fijación externa
Asociada con infección
en metaanálisis tibial [2].
Frecuente en lesiones
graves o con daño de
tejidos blandos.
Posible confusión por
indicación.
Transfusión sanguínea
Asociada con infección
en fracturas tibiales [2].
Puede acompañar pérdida
sanguínea y trauma grave.
Posible confusión por
indicación.
Doble incisión
Asociación descrita en
revisión tibial [2].
Hallazgo específico del
contexto tibial.
No debe generalizarse a
todas las fracturas.
Staphylococcus aureus
Microorganismo
predominante en la
cohorte multicéntrica [3].
Relevancia
microbiológica en
infección posterior a
fijación.
La proporción exacta no
se reporta en la fuente
base.
Biofilm
Mecanismo relevante por
adhesión a superficies
implantadas [6-10].
Favorece persistencia y
dificulta erradicación.
Concepto de consenso, no
resultado cuantitativo
propio.
Nota. Se conservaron únicamente asociaciones y datos expresamente disponibles; las columnas interpretativas
no representan pruebas de causalidad.
La integración de variables terapéuticas confirma que el tratamiento puede participar en
el perfil de riesgo, pero también que muchas decisiones quirúrgicas están condicionadas
por la gravedad inicial, por lo que la lectura de estos hallazgos exige distinguir
exposición, indicación y complejidad; esta cautela es esencial para evitar conclusiones
simplistas que penalicen una estrategia utilizada precisamente porque el paciente
presenta una lesión más grave.
La recurrencia de los factores de riesgo se examinó en las tres fuentes principales de la
síntesis, correspondientes al metaanálisis de fracturas abiertas, el metaanálisis tibial y la
cohorte multicéntrica; el recuento expresa cuántas de estas fuentes reportaron cada
asociación y no representa tamaño de efecto, riesgo relativo ni causalidad.
65
Gráfico 4. Recurrencia de factores de riesgo en las tres fuentes principales
Fuente: Elaboración a partir de los factores explícitamente descritos en las referencias 1-3.
El tabaquismo aparece en las tres fuentes principales y constituye la asociación más
repetida dentro de este recuento, mientras que diabetes, ASA elevado, politraumatismo,
trauma de alta energía, sexo masculino y mayor gravedad Gustilo-Anderson aparecen en
dos; la recurrencia refuerza su utilidad para estratificación, aunque la ausencia de
tamaños de efecto homogéneos impide ordenar los factores por magnitud de riesgo.
La prevención se inicia antes de la intervención mediante identificación de pacientes de
alto riesgo, valoración de diabetes, tabaquismo, estado nutricional, comorbilidades,
clasificación ASA y características de la lesión; el propósito no consiste en excluir
automáticamente a quien presenta un factor, sino en reconocer vulnerabilidades y
optimizar los elementos modificables cuando el tiempo clínico y la urgencia de la
fractura lo permiten.
En fracturas abiertas deben priorizarse la evaluación de la contaminación, la magnitud
del daño de tejidos blandos, la posibilidad de cobertura, el tratamiento antibiótico
oportuno y el desbridamiento apropiado; estas medidas se relacionan con la necesidad
de controlar el ambiente local donde se producirá la fijación y reducir condiciones que
66
favorezcan persistencia bacteriana, sin asumir que una sola intervención neutraliza el
riesgo acumulado por la gravedad de la lesión [8-10].
Durante la cirugía se plantea reducir agresiones innecesarias a los tejidos, optimizar la
duración del procedimiento cuando sea posible y mantener condiciones estrictas de
asepsia, además de seleccionar el implante y la estrategia de fijación de acuerdo con la
estabilidad requerida y el estado biológico del segmento; la duración quirúrgica debe
entenderse como un objetivo de eficiencia compatible con una técnica segura, no como
una indicación de acortar procedimientos a costa de una fijación inadecuada.
La prevención continúa después del cierre mediante seguimiento clínico temprano y
evaluación inmediata ante signos de infección, dehiscencia, drenaje persistente o
alteraciones de la cicatrización; la vigilancia adquiere mayor relevancia en fracturas
abiertas, lesiones tibiales complejas, politraumatizados y pacientes con varios factores
concurrentes, porque la identificación precoz puede facilitar decisiones diagnósticas y
terapéuticas antes de que se consolide un proceso infeccioso persistente.
67
Discusión
La síntesis confirma que la infección posterior a la osteosíntesis debe interpretarse como
el resultado potencial de múltiples dimensiones que convergen en un mismo paciente,
porque la vulnerabilidad del huésped, la gravedad de la fractura, el estado de los tejidos
blandos y la complejidad del tratamiento pueden coexistir y reforzarse; esta perspectiva
evita buscar una causa única y favorece una estratificación en la que cada factor aporta
información sobre el riesgo global, sin que todas las asociaciones tengan la misma
capacidad explicativa o causal.
La consistencia observada para fracturas abiertas y lesiones de mayor gravedad
representa uno de los hallazgos centrales, ya que la comunicación con el exterior, la
contaminación, la exposición ósea y la destrucción de tejidos blandos generan un
entorno local desfavorable desde el momento inicial del trauma; el metaanálisis de
Kortram y colaboradores ubicó la gravedad de la fractura, la contaminación y el
politraumatismo junto con diabetes y tabaquismo entre los factores de mayor relevancia,
lo que ilustra la interacción entre estado del huésped y daño local [1].
La revisión de Niebuhr y colaboradores amplió esta interpretación en el contexto tibial
al reunir 42 investigaciones y describir una red de asociaciones que incluye síndrome
compartimental, transfusión, fractura abierta, Gustilo-Anderson elevado, fijación
externa, ASA elevado, politrauma, doble incisión, tabaquismo, sexo masculino y trauma
de alta energía; la diversidad de estas variables muestra que el riesgo tibial no se
concentra en un solo momento del proceso, sino que se distribuye desde la lesión inicial
hasta la estrategia quirúrgica y la condición sistémica [2].
La cohorte multicéntrica de Wang y colaboradores aporta un contraste útil porque
examinó infección posterior a la fijación desde un diseño observacional multicéntrico y
reportó una incidencia aproximada de 1,7 %, además de factores independientes como
68
tabaquismo, diabetes, ASA elevado, trauma de alta energía, fractura abierta y duración
quirúrgica igual o superior a 180 minutos; la coincidencia de varios factores con las
revisiones previas refuerza su relevancia para la estratificación, aunque la magnitud
exacta de cada asociación no está disponible en el documento base [3].
La aplicabilidad regional debe interpretarse con cautela porque las fuentes incluidas en
la síntesis no aportan una serie ecuatoriana específica que permita estimar incidencia
local o contrastar magnitudes de asociación; en consecuencia, los factores se emplean
como marco de estratificación sustentado en evidencia internacional y no como una
predicción numérica para una institución determinada. Esta ausencia de estimaciones
locales respalda la necesidad de registros prospectivos que documenten infección
relacionada con fractura mediante definiciones uniformes y permitan comparar el
comportamiento de los factores en distintos sistemas de salud.
La diabetes merece una interpretación que combine evidencia clínica y plausibilidad
biológica, porque la alteración de la respuesta inmunitaria, la microcirculación y la
cicatrización puede disminuir la capacidad de controlar un inóculo bacteriano y reparar
tejidos traumatizados; sin embargo, la presencia de diabetes no determina por sí sola el
desenlace, por lo que su utilidad principal radica en reconocer una condición sistémica
que puede optimizarse y que debe considerarse junto con el control de la lesión, la
estabilidad y la cobertura de tejidos [1,3].
El tabaquismo presenta un perfil diferente por tratarse de una exposición potencialmente
modificable con asociación repetida en las fuentes principales, lo que le confiere
relevancia preventiva; la vasoconstricción, la reducción de oxigenación tisular y el
deterioro de la reparación descritos en la investigación proporcionan una explicación
coherente con el mayor riesgo observado, aunque la revisión no permite establecer
69
cuánto disminuye el riesgo tras suspender el consumo ni definir un periodo mínimo de
abstinencia, datos que requerirían estudios específicos [1-3].
La clasificación ASA elevada representa más un indicador agregado de vulnerabilidad
que una exposición única, por lo que su asociación con infección puede reflejar
múltiples comorbilidades, menor reserva fisiológica o mayor complejidad
perioperatoria; este carácter de marcador integrado resulta clínicamente útil porque
permite identificar pacientes en los que una fractura compleja se suma a una condición
sistémica desfavorable, pero no debe interpretarse como una explicación etiológica
aislada ni como un objetivo terapéutico independiente [2,3].
La fractura abierta constituye probablemente el ejemplo más claro de una variable que
integra exposición al ambiente, daño tisular y complejidad terapéutica, de modo que su
asociación repetida en distintas fuentes resulta consistente con la fisiopatología del
proceso infeccioso; la gravedad según Gustilo-Anderson añade una gradación de la
lesión que ayuda a contextualizar el riesgo, aunque la clasificación no reemplaza la
valoración directa del tejido, la contaminación y las necesidades de cobertura o
reconstrucción [1-3].
El papel del traumatismo de alta energía debe interpretarse dentro del mismo marco,
porque un mecanismo intenso puede traducirse en daño extenso de tejidos blandos,
lesión vascular y politraumatismo, condiciones que a su vez condicionan transfusión,
estabilización temporal y cirugías más complejas; por esta razón, atribuir la infección
exclusivamente al mecanismo de trauma sería simplificar una cadena de exposiciones
que se superponen y que pueden explicar parte de la asociación observada [2,3].
El politraumatismo refuerza esta idea de acumulación, ya que combina alteraciones
fisiológicas sistémicas con lesiones locales y múltiples necesidades terapéuticas; una
persona politraumatizada puede requerir transfusiones, procedimientos sucesivos y
70
estrategias de control de daño, de modo que la infección posterior a una osteosíntesis
aparece dentro de un contexto asistencial más complejo y no como un evento
desvinculado del estado general, lo que justifica vigilancia más estrecha y planificación
perioperatoria individualizada [1,2].
La asociación entre fijación externa e infección ilustra con especial claridad el problema
de la confusión por indicación, porque la fijación externa se utiliza con frecuencia
precisamente cuando la lesión es más grave, existe compromiso de tejidos blandos o se
requiere estabilización temporal; por ello, el hallazgo no autoriza a concluir que la
técnica deba evitarse de manera general, y una interpretación adecuada debe separar el
efecto potencial del procedimiento de la severidad que motivó su elección [2].
La transfusión sanguínea presenta una dificultad interpretativa similar, pues puede
acompañar hemorragia, trauma de alta energía y procedimientos prolongados, de modo
que su asociación puede reflejar el estado del paciente más que un mecanismo
infeccioso directo; la investigación base reconoce expresamente esta posibilidad y
constituye un ejemplo de por qué los resultados observacionales deben formularse como
asociaciones, reservando la causalidad para diseños y análisis capaces de controlar
adecuadamente los factores de confusión [2].
La duración quirúrgica igual o superior a 180 minutos fue un hallazgo independiente en
la cohorte multicéntrica y tiene relevancia práctica porque el tiempo operatorio puede
relacionarse con exposición, manipulación y pérdida sanguínea, aunque también puede
ser una consecuencia de fracturas complejas; la respuesta clínica no debería consistir en
reducir artificialmente el tiempo de cirugía, sino en planificar el procedimiento,
disponer de recursos adecuados y evitar demoras prevenibles sin comprometer la
calidad de la fijación ni el manejo de tejidos [3].
71
El síndrome compartimental aporta una dimensión local de gravedad y daño biológico,
especialmente en fracturas tibiales, debido a la combinación de edema, compromiso
vascular, lesión muscular y necesidad de intervenciones adicionales; su asociación con
infección resulta coherente con un entorno tisular desfavorable, pero la fuente no
permite separar la contribución del síndrome de la lesión inicial o de los procedimientos
derivados, por lo que debe conservarse la interpretación como marcador de severidad
[2].
La microbiología introduce otra capa de análisis, porque la presencia de Staphylococcus
aureus como microorganismo predominante en la cohorte multicéntrica se integra con la
relevancia general de los estafilococos en infecciones de implantes; la capacidad de
formar biofilm explica por qué una infección puede persistir pese al tratamiento y por
qué la estrategia terapéutica debe considerar estabilidad, desbridamiento, cobertura y
antimicrobianos de forma coordinada, principios recogidos en los consensos incluidos
en la bibliografía [3,6-11].
La prevención preoperatoria se deriva de la posibilidad de reconocer y optimizar
componentes modificables, especialmente tabaquismo y control metabólico, además de
valorar estado nutricional, comorbilidades y ASA; en el contexto de trauma urgente,
algunas intervenciones pueden estar limitadas por el tiempo disponible, pero la
identificación temprana sigue siendo útil para adaptar vigilancia, manejo de glucemia,
soporte sistémico y planificación quirúrgica, sin convertir la optimización en una causa
de retraso injustificado del tratamiento.
En fracturas abiertas, la prevención requiere integrar contaminación, desbridamiento,
antibióticos oportunos y cobertura de tejidos blandos, porque el riesgo surge de un
entorno local que combina exposición bacteriana y pérdida de barreras; la revisión no
proporciona comparaciones cuantitativas entre protocolos de antibióticos, tiempos de
72
desbridamiento o técnicas de cobertura, por lo que estas medidas se presentan como
principios generales derivados de la literatura incluida y no como umbrales terapéuticos
nuevos [8-10].
La prevención intraoperatoria se relaciona con técnica cuidadosa, reducción de
agresiones innecesarias a tejidos, control de la duración cuando sea posible, asepsia y
elección de una estrategia de fijación compatible con estabilidad y biología local; la
aplicación de estos principios debe individualizarse porque una lesión compleja puede
requerir más tiempo o procedimientos escalonados, y una conducta preventiva adecuada
no consiste en aplicar una regla rígida sino en reducir exposiciones evitables sin
comprometer objetivos mecánicos y reconstructivos.
Entre las fortalezas del trabajo se encuentra la integración de evidencia procedente de
revisiones sistemáticas, metaanálisis, cohortes y consensos internacionales, junto con
una clasificación clínica que diferencia huésped, lesión y tratamiento; esta estructura
permite reconocer convergencias entre fuentes y evita reducir el riesgo a una sola
dimensión, además de mantener una declaración explícita de transparencia que prohíbe
inventar recuentos PRISMA o datos cuantitativos ausentes.
Las limitaciones son relevantes y condicionan el alcance de las conclusiones, porque
existe heterogeneidad en la definición de infección, población, localización anatómica,
tipo de implante y seguimiento, además de un predominio de evidencia observacional;
estas diferencias impiden asumir equivalencia entre todos los estudios y limitan la
posibilidad de establecer causalidad, especialmente cuando las variables de tratamiento
pueden estar condicionadas por la gravedad inicial de la lesión.
La ausencia de una estrategia de búsqueda completa y reproducible, fechas exactas por
base de datos, diagrama PRISMA con recuentos reales, tabla integral de estudios
incluidos y evaluación formal del riesgo de sesgo constituye una limitación
73
metodológica adicional; PRISMA 2020 mejora la transparencia del reporte, pero no
sustituye esos componentes, por lo que una futura versión de revisión sistemática formal
debería completar la documentación sin reconstruir retrospectivamente datos que no
fueron registrados [4,5].
La falta de tamaños de efecto comparables también impide establecer una jerarquía
cuantitativa entre factores, de modo que expresiones como “mayor riesgo” deben
interpretarse a partir de las asociaciones descritas en las fuentes y no como una
diferencia uniforme aplicable a todas las fracturas; la heterogeneidad anatómica y
metodológica justifica esta precaución y explica por qué se optó por una síntesis
narrativa en lugar de combinar resultados de forma estadística.
Las futuras investigaciones deberían avanzar hacia definiciones uniformes de FRI,
registro prospectivo de factores del huésped y de la lesión, documentación precisa de
tiempos quirúrgicos, transfusiones, estrategias de fijación y estado de tejidos blandos,
además de análisis multivariable capaces de distinguir factores independientes de
marcadores de gravedad; estas condiciones permitirían desarrollar modelos predictivos
clínicamente útiles y comparar su rendimiento en diferentes localizaciones de huesos
largos.
En conjunto, la evidencia respalda un enfoque preventivo continuo que inicia con la
valoración del paciente y de la lesión, continúa durante la planificación y ejecución de
la fijación y se prolonga en el seguimiento; la utilidad de la revisión reside menos en
proponer una regla única que en mostrar cómo diferentes exposiciones se acumulan y
exigen decisiones individualizadas, con especial atención a factores modificables y a
escenarios de lesión grave.
74
Conclusiones
La infección posterior a la osteosíntesis de fracturas de huesos largos constituye una
complicación multifactorial en la que convergen características del huésped, gravedad
de la fractura, daño de tejidos blandos y variables vinculadas al tratamiento, por lo que
el riesgo no debe estimarse mediante un único predictor; la evidencia sintetizada
muestra mayor consistencia para fractura abierta, Gustilo-Anderson avanzado, lesión
extensa de tejidos blandos, tabaquismo, diabetes mellitus, ASA elevado,
politraumatismo, trauma de alta energía, síndrome compartimental, fijación externa,
transfusión y procedimientos quirúrgicos prolongados.
Los factores del huésped aportan oportunidades de prevención diferenciadas, porque el
tabaquismo y el control metabólico son potencialmente modificables, mientras que el
ASA elevado, el sexo y otros marcadores epidemiológicos sirven principalmente para
reconocer vulnerabilidad; esta distinción permite orientar la valoración preoperatoria
hacia acciones posibles sin confundir la presencia de una variable con una relación
causal inevitable.
La fractura abierta y la gravedad del daño de tejidos blandos ocupan una posición
central en la estratificación, debido a la combinación de contaminación, exposición
ósea, pérdida de cobertura y complejidad terapéutica, mientras que el trauma de alta
energía, el politraumatismo y el síndrome compartimental reflejan escenarios donde se
acumulan lesiones locales y alteraciones sistémicas; la evaluación debe integrar
mecanismo, clasificación y condición real de los tejidos.
Las variables terapéuticas requieren interpretación prudente, porque la duración
quirúrgica igual o superior a 180 minutos mostró asociación independiente en una
cohorte multicéntrica, mientras que fijación externa y transfusión se asociaron con
infección en fracturas tibiales, aunque estas últimas pueden actuar como marcadores de
75
lesiones más graves; en consecuencia, no se justifica atribuir causalidad directa ni evitar
una estrategia necesaria únicamente por su asociación observacional.
La prevención debe comenzar desde la valoración inicial, continuar durante el manejo
quirúrgico y mantenerse en el seguimiento posoperatorio, con optimización de factores
modificables, evaluación rigurosa de fracturas abiertas y tejidos blandos, técnica
cuidadosa, planificación de la fijación, asepsia y vigilancia temprana de signos
compatibles con infección; los pacientes con múltiples factores concurrentes requieren
una atención particularmente individualizada.
La revisión mantiene limitaciones derivadas de la heterogeneidad de estudios,
predominio de diseños observacionales, ausencia de metaanálisis propio y falta de
documentación completa de la estrategia de búsqueda, recuentos PRISMA y riesgo de
sesgo; por ello, las conclusiones expresan asociaciones y no causalidad, y una futura
revisión formal deberá completar esos elementos, incorporar extracción cuantitativa
reproducible y validar modelos de estratificación sin fabricar datos ausentes.
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