Factores asociados a la recuperación funcional en pacientes con fractura de
cadera sometidos a tratamiento quirúrgico.
Factors associated with functional recovery in patients with hip fracture
undergoing surgical treatment.
Fatores associados à recuperação funcional em pacientes com fratura de quadril
submetidos a tratamento cirúrgico.
Erik Fabrizio Noriega Moreno
Universidad Católica Santiago de Guayaquil
Médico general.
Ecuador
medicina y salud
erik.noriega@cu.ucsg.edu.ec
https://orcid.org/0009-0006-5318-3236
Forma de citación en APA, séptima edición.
Noriega, E. (2026). Factores asociados a la recuperación funcional en pacientes con fractura de
cadera sometidos a tratamiento quirúrgico. Revista Ibero Research, 1(7), 191 – 224.
Fecha
de
presentación:
30/08/2026
Fecha
de
aceptación:
01/09/2026
Fecha
de
publicación:
02/09/2026
191
Resumen
La fractura de cadera constituye una causa relevante de discapacidad y pérdida de
independencia en adultos mayores, y la estabilización quirúrgica no garantiza por sí sola
el retorno al nivel funcional previo. El objetivo fue analizar los factores asociados con la
recuperación funcional después del tratamiento quirúrgico e identificar elementos
pronósticos útiles para orientar la rehabilitación. Se desarrolló una revisión narrativa
estructurada de 15 fuentes científicas y normativas publicadas entre 2005 y 2026, con
énfasis en revisiones sistemáticas, metaanálisis, guías clínicas, rehabilitación y atención
ortogeriátrica. La síntesis mostró que la función previa a la fractura representa uno de
los predictores más consistentes; además, el estado cognitivo, fragilidad, fuerza
muscular, comorbilidades, nutrición, anemia y complicaciones posoperatorias
condicionan la trayectoria funcional. Entre los factores susceptibles de intervención
destacaron la optimización clínica, movilización temprana, posibilidad de carga,
prevención del delirium y complicaciones, soporte nutricional y rehabilitación
multidisciplinaria continuada. Se concluye que la recuperación funcional es
multifactorial y requiere valoración pronóstica temprana, objetivos individualizados y
continuidad asistencial desde el ingreso hasta el periodo posterior al alta.
Palabras clave: adulto mayor; movilidad; fragilidad; pronóstico; rehabilitación
multidisciplinaria.
192
Abstract
Hip fracture is a major cause of disability and loss of independence in older adults, and
surgical stabilization alone does not ensure return to the pre-fracture functional level.
The objective was to analyze factors associated with functional recovery after surgical
treatment and to identify prognostic elements useful for guiding rehabilitation. A
structured narrative review of 15 scientific and guideline sources published between
2005 and 2026 was conducted, emphasizing systematic reviews, meta-analyses, clinical
guidelines, rehabilitation, and orthogeriatric care. The synthesis showed that
pre-fracture function is one of the most consistent predictors; cognitive status, frailty,
muscle strength, comorbidities, nutritional status, anemia, and postoperative
complications also shape the functional trajectory. Potentially modifiable factors
included clinical optimization, early mobilization, weight-bearing capacity, prevention
of delirium and other complications, nutritional support, and continued
multidisciplinary rehabilitation. Functional recovery is therefore multifactorial and
requires early prognostic assessment, individualized goals, and continuity of care from
admission through the post-discharge period.
Keywords: older adult; mobility; frailty; prognosis; multidisciplinary rehabilitation.
193
Resumo
A fratura de quadril constitui causa relevante de incapacidade e perda de independência
em idosos, e a estabilização cirúrgica isolada não garante o retorno ao nível funcional
prévio. O objetivo foi analisar os fatores associados à recuperação funcional após o
tratamento cirúrgico e identificar elementos prognósticos úteis para orientar a
reabilitação. Foi realizada uma revisão narrativa estruturada de 15 fontes científicas e
normativas publicadas entre 2005 e 2026, com ênfase em revisões sistemáticas,
metanálises, diretrizes clínicas, reabilitação e cuidado ortogeriátrico. A síntese mostrou
que a função pré-fratura é um dos preditores mais consistentes; estado cognitivo,
fragilidade, força muscular, comorbidades, estado nutricional, anemia e complicações
pós-operatórias também condicionam a trajetória funcional. Entre os fatores
potencialmente modificáveis destacaram-se otimização clínica, mobilização precoce,
possibilidade de apoio, prevenção de delirium e complicações, suporte nutricional e
reabilitação multidisciplinar contínua. Conclui-se que a recuperação funcional é
multifatorial e exige avaliação prognóstica precoce, metas individualizadas e
continuidade assistencial desde a admissão até o período após a alta.
Palavras-chave: idoso; mobilidade; fragilidade; prognóstico; reabilitação
multidisciplinar.
194
Introducción
La fractura de cadera representa un problema clínico de elevada trascendencia por la
interacción entre lesión traumática, vulnerabilidad geriátrica y pérdida acelerada de
autonomía. En la población adulta mayor, el episodio suele producirse sobre un
contexto de osteoporosis, fragilidad, sarcopenia, alteraciones del equilibrio y
enfermedades crónicas que reducen la reserva fisiológica.
Tras el evento, el desenlace relevante no se limita a la consolidación ósea o a la
supervivencia, sino que incluye la posibilidad de recuperar la marcha, las actividades
básicas de la vida diaria, la participación social y el retorno al entorno habitual.
Las revisiones disponibles coinciden en que la discapacidad posterior puede persistir
durante meses y que la trayectoria funcional presenta una variabilidad marcada entre
pacientes con lesiones aparentemente semejantes (1-4).
El tratamiento quirúrgico constituye el estándar terapéutico para la mayoría de las
fracturas de cadera en adultos mayores porque permite controlar el dolor, estabilizar la
lesión y crear condiciones para la movilización. Sin embargo, la cirugía debe
interpretarse como una etapa dentro de un proceso asistencial más amplio.
El resultado funcional depende del estado previo al traumatismo, del impacto
fisiológico de la fractura, de la respuesta perioperatoria, de las complicaciones, de la
capacidad de carga y de la rehabilitación. Los modelos de atención centrados
únicamente en el procedimiento quirúrgico resultan insuficientes cuando no se integran
la optimización médica, la prevención de eventos adversos y la recuperación de la
función como objetivos simultáneos (5,6).
La capacidad funcional antes de la fractura destaca de manera reiterada entre los
factores pronósticos. La independencia para caminar, realizar transferencias y completar
195
actividades cotidianas refleja una reserva funcional que condiciona tanto la tolerancia al
estrés quirúrgico como la posibilidad de participar activamente en la rehabilitación.
Un paciente previamente independiente dispone de un punto de partida diferente al de
quien ya utilizaba ayudas técnicas, requería asistencia o presentaba dependencia para
actividades básicas. Por esta razón, la evaluación prefractura no constituye un
antecedente accesorio, sino una referencia esencial para estimar el potencial de
recuperación y establecer objetivos terapéuticos realistas (1,2).
La edad avanzada se relaciona con una recuperación más lenta, aunque su valor
pronóstico no debe interpretarse de manera aislada. La edad cronológica agrupa
fenómenos heterogéneos, entre ellos fragilidad, carga de comorbilidad, deterioro
cognitivo, pérdida de masa muscular y reducción de la reserva cardiorrespiratoria. Dos
personas de la misma edad pueden presentar niveles muy distintos de autonomía y
tolerancia al esfuerzo.
En consecuencia, la estimación del pronóstico requiere desplazar el énfasis desde la
edad como dato único hacia una valoración multidimensional que considere la
condición funcional y fisiológica del individuo (1-3).
El estado cognitivo constituye otro componente central. Las alteraciones cognitivas
pueden dificultar la comprensión de indicaciones, el aprendizaje de patrones de marcha,
el uso seguro de dispositivos de asistencia y la adherencia a ejercicios repetitivos. A
esto se suma el riesgo de delirium durante la hospitalización, un evento que interrumpe
la movilización, incrementa la necesidad de supervisión y puede prolongar la
dependencia.
La presencia de deterioro cognitivo no debe interpretarse como una contraindicación
para rehabilitar, sino como una razón para adaptar el entorno, simplificar instrucciones,
196
incorporar rutinas consistentes y aumentar la participación de cuidadores y del equipo
multidisciplinario (1,3).
La fragilidad y la fuerza muscular aportan información adicional sobre la reserva física.
La fragilidad expresa vulnerabilidad ante un estresor agudo y se asocia con mayor
probabilidad de complicaciones, menor tolerancia al ejercicio y recuperación
incompleta. La fuerza de prensión manual se ha propuesto como un marcador sencillo
de reserva muscular y puede complementar la apreciación clínica.
La inmovilización posterior a la fractura acelera la pérdida de masa y fuerza, de modo
que el periodo de reposo puede transformar una debilidad moderada en una limitación
funcional considerable. Esta relación sustenta la importancia de minimizar la
inactividad y de integrar fortalecimiento progresivo desde fases tempranas (2,3).
Las comorbilidades modifican la capacidad para participar en la recuperación.
Enfermedades cardiovasculares, respiratorias, metabólicas, neurológicas y renales
pueden limitar la tolerancia al esfuerzo, aumentar el riesgo anestésico y favorecer
complicaciones que retrasan la marcha. No obstante, la mera presencia de diagnósticos
no describe por completo su impacto; resulta necesario considerar la severidad, el
control clínico, la interacción farmacológica y el grado de afectación funcional.
La atención perioperatoria debe orientarse a estabilizar condiciones reversibles sin
introducir demoras innecesarias, ya que la inmovilización prolongada también genera
efectos adversos sobre el sistema muscular, respiratorio y cardiovascular (3,5).
El estado nutricional y la anemia representan áreas especialmente relevantes porque
combinan valor pronóstico y posibilidad de intervención. La ingesta insuficiente, la
pérdida de peso y la baja reserva proteica pueden agravar la sarcopenia, comprometer la
cicatrización y reducir la tolerancia a las sesiones de rehabilitación. La anemia puede
197
contribuir a fatiga, disnea de esfuerzo y menor capacidad de entrenamiento por
reducción del transporte de oxígeno.
La identificación temprana de estas condiciones permite orientar medidas
individualizadas, aunque su corrección debe basarse en causas clínicas específicas y no
en intervenciones uniformes para todos los pacientes (1,2).
Los modelos ortogeriátricos amplían esta lógica al integrar traumatología y geriatría con
otros profesionales desde el ingreso. El objetivo no consiste únicamente en tratar
enfermedades concomitantes, sino en coordinar decisiones que afectan directamente a la
función: control del dolor, prevención del delirium, manejo de anemia y nutrición,
reducción de complicaciones, movilización y planificación de recursos posteriores al
alta.
Las revisiones y ensayos sobre atención geriátrica integral muestran que la organización
del cuidado puede modificar resultados clínicos relevantes y ofrece un marco adecuado
para tratar la fractura de cadera como un síndrome geriátrico complejo, además de una
lesión ortopédica (7,8).
La movilización precoz y la rehabilitación estructurada se sitúan entre las estrategias
más consistentes para limitar las consecuencias de la inmovilidad. La progresión desde
ejercicios en cama hacia transferencias, bipedestación, marcha y actividades de la vida
diaria requiere coordinación entre analgesia, estabilidad hemodinámica, capacidad de
carga, fuerza y estado cognitivo.
La evidencia sobre rehabilitación multidisciplinaria respalda una aproximación que
combine fisioterapia, cuidados de enfermería, manejo médico y planificación del alta,
con continuidad posterior cuando persisten déficits de fuerza, equilibrio o
independencia (9).
198
El momento de la intervención quirúrgica y la estabilidad conseguida influyen sobre la
posibilidad de iniciar carga y movilización. Las guías de práctica clínica recomiendan
evitar retrasos innecesarios y favorecer la cirugía temprana cuando el estado médico lo
permite, con el propósito de reducir el periodo de inmovilización y facilitar la
recuperación.
Sin embargo, la asociación entre demora quirúrgica y función puede estar confundida
por la condición clínica que originó el retraso. De forma semejante, la elección entre
osteosíntesis y artroplastia responde al patrón de fractura y a las características del
paciente; desde la perspectiva funcional, el objetivo compartido consiste en lograr una
estabilidad que permita movilizar con seguridad (10-12).
La recuperación continúa después del alta hospitalaria. El retorno al domicilio no
equivale necesariamente a recuperación completa, ya que pueden persistir dependencia
para bañarse, vestirse, subir escaleras, caminar fuera de casa o realizar actividades
instrumentales. La continuidad de los programas comunitarios, la adherencia al ejercicio
y el apoyo de familiares o cuidadores pueden condicionar la consolidación de los logros
alcanzados durante la hospitalización.
La evidencia reciente sobre rehabilitación comunitaria y adherencia refuerza la
necesidad de considerar barreras ambientales, motivacionales y sociales como parte del
pronóstico funcional, especialmente en personas con fragilidad o dependencia previa
(4,13-15).
La literatura presenta una dificultad metodológica importante: la recuperación funcional
no se mide de una única manera. Algunos estudios priorizan independencia para la
marcha, otros utilizan escalas de actividades básicas, destino al alta, velocidad de
marcha, fuerza, calidad de vida o retorno al domicilio. Los periodos de seguimiento
199
también varían, lo que limita la comparación directa y la construcción de un modelo
pronóstico universal.
Esta heterogeneidad exige interpretar los factores asociados como componentes de una
trayectoria clínica compleja, evitando atribuir causalidad a asociaciones observacionales
sin considerar variables de confusión y diferencias en las definiciones de resultado
(1-4).
En este contexto, la presente revisión tuvo como objetivo general analizar los
principales factores asociados con la recuperación funcional en pacientes adultos con
fractura de cadera sometidos a tratamiento quirúrgico.
De manera específica, se buscó organizar los factores según su relación con el estado
previo, la condición clínica, la atención quirúrgica y la rehabilitación; distinguir
elementos no modificables, parcialmente modificables y modificables; y sintetizar
implicaciones útiles para la valoración inicial, la estratificación del riesgo y la
planificación de intervenciones orientadas a preservar o recuperar la independencia
funcional.
Metodología
Se desarrolló una revisión narrativa estructurada con análisis crítico de la evidencia
disponible sobre factores asociados con la recuperación funcional después del
tratamiento quirúrgico de la fractura de cadera. El enfoque se mantuvo deliberadamente
narrativo porque el material de investigación de base no documentó un proceso de
búsqueda y selección reproducible con los componentes necesarios para una revisión
sistemática formal.
200
En consecuencia, no se efectuó metaanálisis ni se calcularon estimaciones combinadas
de efecto; la síntesis se orientó a integrar factores pronósticos, características
asistenciales y elementos de rehabilitación con utilidad clínica.
La unidad documental estuvo constituida por 15 fuentes científicas y normativas
incluidas en el material base, publicadas entre 2005 y 2026. El conjunto comprendió
revisiones sistemáticas y metaanálisis, una revisión Cochrane, revisiones clínicas o
críticas, un ensayo clínico controlado, guías de práctica clínica y un estándar de calidad.
Se priorizaron las fuentes que abordaron función, movilidad, marcha, discapacidad,
atención ortogeriátrica, recuperación después del alta y factores pronósticos, de manera
que la síntesis permaneciera centrada en el desenlace funcional y no únicamente en
mortalidad o complicaciones quirúrgicas.
La estrategia conceptual de recuperación documental se articuló con los términos en
inglés “hip fracture”, “functional recovery”, “functional outcome”, “hip fracture
surgery”, “rehabilitation”, “mobility”, “gait recovery”, “prognostic factors”, “older
adults”, “frailty”, “cognitive impairment” y “nutritional status”, combinados mediante
los operadores booleanos AND y OR. Estos términos fueron complementados por
equivalentes conceptuales en español durante la organización del contenido.
Debido al carácter narrativo de la revisión, la estrategia se utilizó para estructurar el
campo temático y no para declarar un flujo PRISMA que no estuviera documentado en
la investigación original.
Se consideraron elegibles publicaciones referidas a pacientes adultos con fractura de
cadera sometidos a tratamiento quirúrgico que analizaran recuperación funcional,
movilidad, marcha, independencia o factores pronósticos asociados con estos
resultados. También se incluyeron guías y documentos de calidad cuando sus
201
recomendaciones se relacionaban con tiempo hasta la cirugía, carga, movilización,
rehabilitación o coordinación asistencial.
Se excluyeron estudios exclusivamente pediátricos, investigaciones sin evaluación
funcional, trabajos centrados solo en biomecánica y publicaciones en las que la fractura
de cadera no constituyera la población principal.
La extracción de información se organizó en diez dominios definidos en el material
base: factores demográficos; estado funcional previo; estado cognitivo; fragilidad y
fuerza muscular; comorbilidades; estado nutricional; anemia; características quirúrgicas;
complicaciones posoperatorias; y movilización y rehabilitación. Durante la síntesis,
estos dominios se desagregaron cuando era necesario para diferenciar tiempo hasta la
cirugía, posibilidad de carga y continuidad rehabilitadora.
La dirección de las asociaciones se expresó cualitativamente, evitando atribuir tamaños
de efecto no disponibles de forma homogénea entre las fuentes.
Para el análisis descriptivo de la evidencia se registraron el año de publicación y el tipo
general de cada fuente.
Se construyó una matriz de factores pronósticos con tres categorías de modificabilidad:
no modificables, cuando el elemento no podía alterarse en el episodio agudo;
parcialmente modificables, cuando podía optimizarse pero dependía de una condición
basal o del patrón de fractura; y modificables, cuando existían acciones asistenciales
directas susceptibles de implementación durante la trayectoria de cuidado.
Esta clasificación se utilizó con finalidad organizativa y no como escala validada de
riesgo.
La síntesis de resultados se presentó mediante cuatro tablas y cuatro gráficos. Las tablas
organizaron las características de las fuentes, los dominios pronósticos, los factores
potencialmente modificables y los componentes de la evaluación inicial. Los gráficos
202
describieron la distribución temporal de las fuentes, su tipo de evidencia, la
clasificación de los dominios según modificabilidad y la distribución de elementos de
evaluación por dimensión clínica.
Todos los recuentos gráficos procedieron de la bibliografía y de las categorías
explícitamente identificadas en el documento base; no se utilizaron datos simulados ni
se estimaron porcentajes de pacientes.
La calidad de la interpretación se reforzó mediante triangulación entre revisiones
sistemáticas, guías clínicas y estudios de atención geriátrica o rehabilitación. Se
concedió mayor peso argumental a las conclusiones que aparecían de forma convergente
en varias fuentes, especialmente la relevancia de la función previa, el deterioro
cognitivo, la fragilidad, la movilización temprana y la rehabilitación.
Cuando la literatura mostraba incertidumbre, como en la relación directa entre tiempo
quirúrgico y recuperación funcional, se mantuvo una formulación prudente y se
consideró el posible efecto de variables de confusión.
Por tratarse de una revisión de literatura y documentos clínicos publicados, no se realizó
intervención sobre seres humanos, no se accedió a historias clínicas ni se procesaron
datos personales identificables. El análisis se limitó a información documental.
Asimismo, no se atribuyeron aprobaciones éticas, registros de protocolo o procesos de
selección independientes que no estuvieran documentados en el material base, en
concordancia con el principio de no incorporar información metodológica inexistente.
203
Resultados
La síntesis documental confirmó que la recuperación funcional posterior a la fractura de
cadera no depende de un único determinante. Las 15 fuentes revisadas cubrieron
distintos niveles de evidencia y permitieron ordenar el problema desde los factores
pronósticos basales hasta la organización del cuidado y la rehabilitación posterior al
alta.
En conjunto, la evidencia mostró una concentración temática en tres ejes: reserva
funcional previa, vulnerabilidad clínica y capacidad del sistema asistencial para limitar
la inmovilidad y facilitar la rehabilitación (1-15).
La primera aproximación consistió en caracterizar las fuentes empleadas, ya que el tipo
de diseño condiciona el alcance de las conclusiones. La Tabla 1 resume el año,
naturaleza metodológica y contribución principal de cada documento. La diversidad de
diseños permitió integrar pronóstico, práctica clínica y organización asistencial sin
convertir la revisión en un metaanálisis, dado que los desenlaces, escalas y periodos de
seguimiento no fueron homogéneos.
Tabla 1. Características de las fuentes incluidas en la síntesis de evidencia
N.º
Año
Tipo de fuente
Contribución principal
1
2018
Revisión sistemática
Factores pronósticos del
resultado funcional después
de cirugía; respalda el papel
de función previa, cognición
y anemia.
2
2022
Revisión sistemática
Factores pronósticos a corto
y largo plazo; integra
fragilidad, función basal,
estado clínico y recuperación
funcional.
3
2019
Revisión sistemática
Predictores de malos
resultados funcionales y
mortalidad; enfatiza
vulnerabilidad clínica y
comorbilidad.
4
2016
Revisión crítica
Discapacidad a largo plazo
después de fractura de cadera
y heterogeneidad de
desenlaces funcionales.
5
2012
Revisión clínica
Manejo adaptado al paciente
mayor; integra cirugía,
condiciones médicas y
objetivos funcionales.
6
2005
Revisión de mejores
prácticas
Principios de atención
integral del adulto mayor con
fractura de cadera.
204
N.º
Año
Tipo de fuente
Contribución principal
7
2022
Revisión sistemática y
metaanálisis
Efectos de modelos
ortogeriátricos sobre
resultados clínicos y
organización del cuidado.
8
2015
Ensayo controlado
aleatorizado
Atención geriátrica integral
frente a modelos
convencionales en pacientes
con fractura de cadera.
9
2021
Revisión Cochrane
Rehabilitación
multidisciplinaria en
personas mayores con
fractura de cadera.
10
2021
Guía de práctica clínica
Recomendaciones basadas
en evidencia para manejo de
fracturas de cadera en
adultos mayores.
11
2023
Guía clínica
Manejo de fractura de
cadera, incluida cirugía
oportuna y movilización.
12
2023
Estándar de calidad
Indicadores de calidad
asistencial aplicables al
proceso de atención de la
fractura de cadera.
13
2020
Revisión sistemática y
metaanálisis
Rehabilitación intensificada
o mejorada después de
fractura de cadera.
14
2026
Revisión sistemática y
metaanálisis en red
Comparación de programas
comunitarios de
rehabilitación y recuperación
funcional.
15
2026
Revisión sistemática de
métodos mixtos
Barreras y facilitadores de
adherencia al ejercicio de
rehabilitación.
Fuente: elaboración propia a partir de las referencias incluidas en la investigación base (1-15).
La Tabla 1 muestra que la evidencia central no procede de una única línea de
investigación. Ocho de las 15 fuentes corresponden a revisiones sistemáticas o
metaanálisis, tres a guías o estándares, una a un ensayo controlado y tres a revisiones
clínicas o críticas.
Esta composición favorece una lectura de conjunto: las revisiones pronósticas permiten
identificar variables asociadas con el desenlace, mientras las guías y los estudios de
modelos asistenciales aportan criterios para actuar sobre factores modificables. La
heterogeneidad metodológica, sin embargo, impide traducir la síntesis en una jerarquía
numérica universal de predictores.
La distribución temporal aporta información adicional sobre la construcción del campo.
Aunque se conservaron trabajos previos por su carácter de referencia clínica, la serie
incluye documentos recientes de 2021 a 2026 que actualizan rehabilitación, atención
ortogeriátrica, estándares de calidad y continuidad comunitaria. El Gráfico 1 representa
205
el número de fuentes por año de publicación, sin interpretar la frecuencia temporal
como medida de calidad o fuerza de evidencia.
Gráfico 1. Distribución temporal de las fuentes incluidas
Fuente: elaboración propia a partir del año de publicación de las 15 referencias incluidas (1-15).
El Gráfico 1 evidencia una mayor concentración de documentos en 2021, 2022, 2023 y
2026, con dos fuentes en cada uno de esos años, mientras los años anteriores aportan
referencias individuales. Este patrón refleja que la revisión combina fundamentos
clínicos previos con actualizaciones recientes sobre rehabilitación y modelos de
atención.
El recuento no estima tendencias epidemiológicas ni cambios en incidencia; su función
es documentar la actualidad relativa del cuerpo bibliográfico utilizado y mostrar que
más de la mitad de las fuentes corresponden a 2021 o años posteriores.
A partir de esta caracterización se examinó el contenido pronóstico. La Tabla 2 sintetiza
los dominios asociados con recuperación funcional, la dirección general descrita por la
evidencia, el grado de modificabilidad utilizado en esta revisión y su interpretación
clínica.
206
La clasificación evita convertir factores complejos en variables dicotómicas y reconoce
que algunos elementos, como la fragilidad o el estado cognitivo, pueden modificarse
parcialmente pero también reflejan una condición basal persistente.
Tabla 2. Dominios pronósticos asociados con la recuperación funcional
Factor
Dirección general
Modificabilidad
Interpretación clínica
Fuentes
Función previa a la
fractura
Mayor independencia
previa se asocia con
mejor recuperación
No modificable en el
episodio
Define reserva
funcional y objetivos
realistas
1,2,4
Edad
Edad avanzada se
relaciona con
recuperación más lenta
No modificable
Debe interpretarse junto
con fragilidad y
comorbilidad
1-3
Estado cognitivo
Deterioro cognitivo
dificulta participación y
aprendizaje
Parcialmente
modificable
Requiere estrategias
adaptadas y prevención
de delirium
1,3
Fragilidad y fuerza
muscular
Menor reserva y
debilidad se relacionan
con peor trayectoria
Parcialmente
modificable
Orienta intensidad y
progresión del
entrenamiento
2,3
Comorbilidades
Mayor carga clínica
puede reducir tolerancia
al esfuerzo
Parcialmente
modificable
Exige optimización
individual y
rehabilitación segura
3,5
Estado nutricional
Desnutrición favorece
pérdida muscular y
menor tolerancia
Modificable
Justifica tamizaje e
intervención nutricional
1,2
Anemia
Puede asociarse con
fatiga y peor
desempeño funcional
Modificable
Requiere identificar
causas reversibles y
manejo individual
1,2
Tiempo hasta la cirugía
Retrasos pueden
prolongar inmovilidad;
asociación funcional no
uniforme
Modificable
Evitar demoras
innecesarias cuando el
estado médico lo
permite
10-12
Tipo de cirugía y
posibilidad de carga
La estabilidad que
permite carga favorece
movilización
Parcialmente
modificable
La técnica depende del
patrón de fractura y del
paciente
10,11
Complicaciones
posoperatorias
Interrumpen
movilización y
rehabilitación
Modificable
Priorizar prevención,
detección y tratamiento
precoz
5,7,10-12
Movilización temprana
Favorece preservación
de fuerza y
recuperación de marcha
Modificable
Iniciar cuando sea
clínicamente posible
9-13
Rehabilitación
continuada
Facilita recuperación de
marcha, equilibrio y
actividades
Modificable
Mantener después del
alta según necesidad
9,13-15
Fuente: elaboración propia con base en la síntesis de factores pronósticos y asistenciales (1-15).
La Tabla 2 confirma que la función prefractura ocupa una posición distinta respecto de
la mayoría de los factores hospitalarios: no puede modificarse una vez ocurrido el
evento, pero condiciona la interpretación de todos los resultados posteriores. La edad
presenta una situación semejante, aunque su asociación con la función se encuentra
mediada por variables clínicas. En contraste, nutrición, anemia, complicaciones,
movilización y rehabilitación ofrecen oportunidades de intervención directa.
El valor clínico de la matriz radica en combinar predicción y acción, evitando que la
valoración pronóstica se limite a describir riesgo sin orientar decisiones.
207
La diversidad de fuentes también condiciona la robustez de cada dominio. Los factores
pronósticos aparecen principalmente en revisiones sistemáticas, mientras los procesos
asistenciales se sustentan además en guías, estándares, un ensayo de atención geriátrica
y revisiones de rehabilitación. El Gráfico 2 organiza las 15 fuentes según su tipo general
de evidencia, con el propósito de mostrar la predominancia de síntesis secundarias y
documentos normativos dentro del conjunto utilizado.
Gráfico 2. Distribución de las fuentes según tipo de evidencia
Fuente: elaboración propia a partir de la clasificación metodológica de las referencias incluidas (1-15).
El Gráfico 2 muestra que las revisiones sistemáticas y metaanálisis constituyen el grupo
más numeroso, con ocho documentos. Las guías y estándares aportan tres fuentes, las
revisiones clínicas o críticas otras tres y el ensayo controlado una.
La predominancia de síntesis de evidencia resulta coherente con el objetivo de
identificar factores asociados a partir de literatura existente; al mismo tiempo, explica
por qué el análisis prioriza la convergencia de hallazgos sobre la estimación de un
efecto combinado. La presencia de guías facilita traducir la evidencia pronóstica en
acciones asistenciales concretas.
208
Una vez identificados los factores, se examinó cuáles podían ser objeto de intervención
durante la trayectoria de cuidado. La Tabla 3 integra los principales elementos
potencialmente modificables, el mecanismo por el que pueden influir en la función, la
acción clínica coherente con la evidencia y las fuentes que respaldan su inclusión. Se
evitó asignar porcentajes de beneficio o efectos cuantitativos porque las fuentes
emplean desenlaces y diseños heterogéneos.
Tabla 3. Factores potencialmente modificables y acciones clínicas relacionadas
Factor
Mecanismo funcional
Acción clínica
Fuentes
Nutrición
Déficit energético-proteico,
pérdida muscular y menor
tolerancia al ejercicio
Tamizaje desde el ingreso y
soporte individualizado
1,2
Anemia
Fatiga y reducción de la
capacidad de transporte de
oxígeno
Evaluar etiología y corregir
causas reversibles según
condición clínica
1,2
Dolor
Limita transferencias,
bipedestación y participación
en terapia
Analgesia suficiente para
permitir movilización segura
5,10-12
Delirium
Interfiere con atención,
aprendizaje motor y
cooperación
Prevención multifactorial,
detección precoz y entorno
orientador
1,5,7
Complicaciones médicas
Interrumpen sesiones y
prolongan inmovilidad
Prevención, vigilancia y
tratamiento oportuno
3,5,7,10-12
Tiempo quirúrgico
Demoras innecesarias
prolongan el periodo de
inmovilidad
Optimización rápida y
cirugía temprana cuando sea
clínicamente posible
10-12
Movilización y carga
La inactividad acelera
pérdida de fuerza y
dependencia
Transferencias,
bipedestación y marcha
precoz según estabilidad
9-13
Rehabilitación y continuidad
El déficit de fuerza,
equilibrio y marcha persiste
después del alta
Programa multidisciplinario
y continuidad comunitaria
adaptada
9,13-15
Fuente: elaboración propia a partir de la evidencia sobre pronóstico, guías y rehabilitación (1,2,3,5,7,9-15).
La Tabla 3 evidencia que las intervenciones potencialmente modificables actúan sobre
mecanismos distintos pero interdependientes. La analgesia facilita la movilización; la
movilización reduce la exposición a inmovilidad; una nutrición adecuada contribuye a
sostener la recuperación muscular; y la prevención de delirium o complicaciones
preserva la posibilidad de participar en terapia.
Por ello, la eficacia clínica no depende de una acción aislada, sino de la coordinación
temporal de medidas que mantengan al paciente en condiciones de rehabilitar. Esta
interacción sustenta los modelos multidisciplinarios y ortogeriátricos descritos en la
literatura (7-9).
209
Con fines descriptivos, los 12 dominios de la Tabla 2 se clasificaron según su grado de
modificabilidad. Esta clasificación no pretende constituir una escala pronóstica
validada, sino visualizar cuántos factores ofrecen una oportunidad directa o parcial de
intervención. El Gráfico 3 presenta dos dominios no modificables, cuatro parcialmente
modificables y seis modificables dentro del marco analítico utilizado.
Gráfico 3. Clasificación de los dominios pronósticos según grado de modificabilidad
Fuente: elaboración propia a partir de los 12 dominios sintetizados en la Tabla 2; la clasificación es organizativa y
no corresponde a una escala validada.
El Gráfico 3 muestra que la mayoría de los dominios analizados posee algún grado de
modificabilidad. Seis fueron clasificados como directamente modificables y cuatro
como parcialmente modificables, frente a dos no modificables. Este resultado refuerza
una interpretación clínica relevante: aun cuando edad y función previa delimitan el
pronóstico, existe un conjunto mayor de elementos sobre los que la atención puede
actuar.
La clasificación no implica que todos los factores tengan el mismo peso ni que su
modificación garantice recuperación; indica, en cambio, que la estratificación del riesgo
debe acompañarse de un plan de intervención.
210
La traducción de esta síntesis a la práctica exige una valoración inicial que capture tanto
el potencial de recuperación como los obstáculos previsibles. La Tabla 4 organiza once
componentes de evaluación mencionados en el material base, agrupando información
funcional, física, neurocognitiva, clínica y social.
La finalidad es mostrar cómo los factores pronósticos pueden convertirse en preguntas y
medidas concretas durante el ingreso, sin proponer un instrumento nuevo ni sustituir
escalas validadas disponibles en cada institución.
Tabla 4. Componentes de la evaluación inicial orientada al pronóstico funcional
Componente
Qué documentar
Momento
Utilidad funcional
Función prefractura
Nivel de independencia para
actividades básicas
Al ingreso mediante entrevista
clínica o informante
Establece la referencia
funcional y el objetivo de
recuperación
Capacidad de marcha
Marcha independiente, ayudas
técnicas y distancia habitual
Al ingreso
Permite estimar reserva de
movilidad y necesidades de
apoyo
Fragilidad
Vulnerabilidad fisiológica
global
Evaluación inicial
Identifica menor reserva y
mayor riesgo de recuperación
limitada
Fuerza muscular
Reserva física; puede incluir
fuerza de prensión cuando esté
disponible
Evaluación inicial y
seguimiento
Orienta fortalecimiento y
progresión de carga
Estado cognitivo
Comprensión, orientación y
capacidad para seguir
indicaciones
Desde el ingreso
Permite adaptar estrategias de
rehabilitación
Comorbilidades
Carga y estabilidad de
enfermedades crónicas
Evaluación médica
perioperatoria
Define tolerancia al esfuerzo y
necesidades de optimización
Estado nutricional
Riesgo de desnutrición e
ingesta insuficiente
Desde el ingreso y durante
hospitalización
Detecta un factor modificable
relacionado con fuerza y
cicatrización
Hemoglobina
Presencia y evolución de
anemia
Según evaluación clínica y
perioperatoria
Relaciona fatiga y tolerancia al
ejercicio con causas tratables
Dolor
Intensidad y efecto sobre
movimiento
Repetidamente durante
hospitalización
Permite ajustar analgesia para
facilitar movilidad
Riesgo de delirium
Vulnerabilidad neurocognitiva
y factores precipitantes
Desde el ingreso y vigilancia
continua
Favorece prevención y
detección temprana
Apoyo familiar y social
Disponibilidad de cuidador,
entorno y recursos
Antes del alta
Condiciona continuidad de
rehabilitación y retorno al
domicilio
Fuente: elaboración propia con base en las implicaciones clínicas descritas en la investigación base y la evidencia
incluida (1-15).
La Tabla 4 integra la valoración pronóstica en una secuencia clínica. Cuatro elementos
pertenecen al dominio funcional-físico, cuatro al clínico-biológico, dos al
neurocognitivo y uno al social. Esta distribución muestra que la recuperación no puede
estimarse exclusivamente mediante variables quirúrgicas o biomédicas.
La información sobre marcha previa, cognición y soporte social influye en la selección
de ayudas, en la intensidad de supervisión y en la planificación del alta con una
relevancia comparable a la de parámetros clínicos tradicionales.
211
El Gráfico 4 representa la distribución de esos once componentes por dimensión. El
recuento se deriva exclusivamente de la propuesta de evaluación contenida en la síntesis
y sirve para visualizar el equilibrio entre dominios. No corresponde a frecuencias de
pacientes ni a prevalencias de factores de riesgo.
Gráfico 4. Distribución de los componentes de la evaluación inicial por dominio clínico
Fuente: elaboración propia a partir de los once componentes de evaluación sintetizados en la Tabla 4.
El Gráfico 4 muestra un predominio conjunto de los dominios funcional-físico y
clínico-biológico, con cuatro componentes cada uno; el dominio neurocognitivo aporta
dos y el social uno. El patrón apoya una valoración multidimensional: la función previa
y la fuerza informan el potencial físico, mientras comorbilidades, nutrición,
hemoglobina y dolor identifican barreras clínicas susceptibles de optimización.
El componente social, aunque representado por un solo ítem, adquiere particular
importancia para la continuidad del proceso después del alta.
En síntesis, los resultados permiten describir una trayectoria funcional condicionada
desde antes del traumatismo y modificada durante la hospitalización y la rehabilitación.
Discusión
212
La principal interpretación de la evidencia es que la recuperación funcional después de
una fractura de cadera sometida a tratamiento quirúrgico debe entenderse como un
proceso multifactorial y longitudinal. La estabilización quirúrgica resuelve un
componente anatómico indispensable, pero el retorno a la independencia emerge de la
interacción entre reserva previa, vulnerabilidad clínica, complicaciones y oportunidades
de rehabilitación.
Esta lectura coincide con las revisiones pronósticas que describen múltiples
determinantes y con la literatura sobre discapacidad a largo plazo, en la que la
heterogeneidad de resultados persiste aun después de un tratamiento quirúrgico
técnicamente adecuado (1-4).
La función prefractura aparece como el referente más estable para interpretar el
pronóstico. Su importancia es clínicamente plausible porque resume de forma indirecta
fuerza, equilibrio, cognición, comorbilidad, confianza para caminar y adaptación al
entorno. Un paciente que realizaba actividades básicas de manera independiente dispone
de una reserva diferente a la de quien ya dependía de otra persona.
Esta observación también evita establecer metas uniformes: recuperar el nivel funcional
previo puede constituir un objetivo apropiado en muchos casos, mientras en otros la
meta realista puede centrarse en transferencias seguras, marcha asistida o reducción de
la dependencia (1,2).
La edad debe situarse en este marco y no utilizarse como criterio aislado para limitar la
rehabilitación. Las revisiones muestran asociación entre edad avanzada y peores
resultados, pero también señalan la influencia de fragilidad, deterioro cognitivo,
comorbilidad y función previa. Desde el punto de vista clínico, esta interacción favorece
una valoración basada en capacidad y reserva en lugar de decisiones fundamentadas
únicamente en años de vida.
213
El enfoque es coherente con el manejo individualizado del paciente mayor propuesto en
revisiones clínicas y guías, donde la intensidad terapéutica se adapta a la condición
global y no a un umbral cronológico (3,5,10).
El deterioro cognitivo plantea uno de los retos más complejos porque afecta la forma en
que se administra la rehabilitación. La dificultad para comprender instrucciones o
recordar secuencias puede reducir el rendimiento en programas convencionales, pero no
elimina el potencial de recuperación.
La adaptación de consignas, la repetición, la simplificación de tareas, el uso de rutinas y
la participación de cuidadores pueden mejorar la capacidad de involucrarse en
actividades funcionales. La prevención del delirium resulta complementaria, ya que un
episodio agudo de alteración atencional puede interrumpir temporalmente la marcha y
aumentar la necesidad de supervisión (1,3,7).
La fragilidad y la debilidad muscular ayudan a explicar por qué algunos pacientes
pierden rápidamente independencia durante la hospitalización. El traumatismo, el dolor
y el reposo reducen la actividad en un organismo que con frecuencia ya presenta
sarcopenia o baja reserva.
La inmovilización genera así un mecanismo de retroalimentación: menos actividad
produce mayor pérdida de fuerza, la debilidad dificulta las transferencias y la marcha, y
la dependencia resultante prolonga la inactividad. La valoración de fuerza y fragilidad
aporta información pronóstica y, al mismo tiempo, identifica un objetivo terapéutico
para el programa de rehabilitación (2,3,13).
El estado nutricional se relaciona estrechamente con este mecanismo. Una ingesta
insuficiente durante un periodo de catabolismo puede acelerar la pérdida de masa
muscular y reducir la tolerancia a las sesiones de ejercicio. La síntesis no permite
establecer una magnitud única de beneficio para la suplementación, porque las fuentes
214
no emplean protocolos homogéneos; sin embargo, respalda considerar el riesgo
nutricional como parte del manejo integral.
La intervención debe individualizarse y coordinarse con el tratamiento de
comorbilidades, de modo que la alimentación y la rehabilitación no se manejen como
procesos desconectados (1,2).
La anemia comparte la característica de ser un factor potencialmente modificable, pero
exige prudencia interpretativa. Su asociación con peores resultados funcionales puede
reflejar tanto un efecto fisiológico directo, mediante menor transporte de oxígeno y
mayor fatiga, como la severidad global del paciente o las pérdidas asociadas al episodio
quirúrgico.
Por ello, la presencia de anemia no debe traducirse automáticamente en una
intervención uniforme; el valor clínico reside en reconocerla, investigar causas
reversibles y considerar su impacto sobre tolerancia al esfuerzo dentro de la valoración
individual (1,2).
La relación entre tiempo hasta la cirugía y recuperación funcional requiere una
interpretación igualmente cuidadosa. Las guías recomiendan cirugía temprana cuando el
estado médico lo permite, principalmente para evitar inmovilización prolongada y
reducir complicaciones. No obstante, los pacientes con mayor inestabilidad clínica
pueden necesitar optimización y, al mismo tiempo, presentar un pronóstico funcional
peor por su propia condición basal.
Esta posibilidad de confusión impide atribuir todos los resultados desfavorables al
retraso en mismo. El objetivo práctico consiste en evitar demoras organizativas
innecesarias sin sacrificar una estabilización clínica razonable (10-12).
El tipo de procedimiento quirúrgico tampoco puede analizarse fuera del patrón de
fractura y de las características del paciente. Osteosíntesis y artroplastia responden a
215
indicaciones diferentes, por lo que una comparación simple puede estar afectada por
selección. Desde la perspectiva funcional, el elemento transversal es la estabilidad
suficiente para permitir la progresión de carga y movilidad según las indicaciones del
equipo tratante.
Cuando la restricción de carga se prolonga, el entrenamiento de la marcha puede
complicarse, especialmente en pacientes con deterioro cognitivo o debilidad que tienen
dificultad para respetar descargas parciales (10,11).
La movilización temprana ocupa un lugar central porque actúa sobre varios mecanismos
simultáneamente. Levantarse de la cama, realizar transferencias, alcanzar bipedestación
y comenzar marcha reducen el tiempo de inactividad y ofrecen estímulos para preservar
fuerza, equilibrio y confianza. Para que esta estrategia sea viable deben resolverse
barreras como dolor, hipotensión, delirium, anemia sintomática o inestabilidad médica.
En consecuencia, la movilización temprana no es responsabilidad exclusiva de
fisioterapia; depende de decisiones coordinadas de analgesia, enfermería, manejo
médico y cirugía (9-13).
La evidencia sobre rehabilitación multidisciplinaria refuerza la necesidad de
continuidad. Los déficits funcionales no desaparecen al momento del alta, y la
recuperación puede prolongarse durante meses. Los programas que incluyen
fortalecimiento, equilibrio, entrenamiento de marcha y práctica de actividades
cotidianas responden directamente a los componentes que se deterioran después de la
fractura.
La revisión Cochrane y las síntesis de rehabilitación mejorada apoyan el uso de modelos
organizados, aunque la diversidad de intervenciones y desenlaces obliga a individualizar
frecuencia, intensidad y duración (9,13).
216
Los estudios más recientes sobre programas comunitarios y adherencia amplían el
enfoque más allá del hospital. El beneficio potencial de un plan de ejercicio depende de
que pueda mantenerse en el entorno real del paciente. Barreras como miedo a caer,
dolor persistente, falta de supervisión, baja comprensión de las indicaciones o
limitaciones de acceso pueden reducir la adherencia.
De forma inversa, el acompañamiento, la adaptación de ejercicios y la disponibilidad de
apoyo social pueden facilitar la continuidad. Este componente explica por qué el soporte
familiar y social aparece en la evaluación inicial propuesta, aun cuando no sea una
variable quirúrgica (14,15).
La atención ortogeriátrica ofrece una estructura organizativa coherente con la naturaleza
multifactorial del problema. La coordinación entre traumatología, geriatría, enfermería,
fisioterapia, nutrición y trabajo social permite intervenir de manera simultánea sobre
dolor, delirium, comorbilidades, estado nutricional, movilidad y planificación del alta.
La revisión sistemática de modelos ortogeriátricos y el ensayo de atención geriátrica
integral respaldan la idea de que la organización del cuidado puede influir en resultados,
aunque los modelos concretos varían entre sistemas sanitarios y deben adaptarse a
recursos locales (7,8).
La principal novedad analítica de esta síntesis reside en ordenar los factores no solo
según su asociación con el pronóstico, sino también según su potencial de modificación.
Esta distinción evita una visión determinista basada en edad o dependencia previa. Dos
dominios se consideraron no modificables durante el episodio, cuatro parcialmente
modificables y seis directamente modificables.
La clasificación no pretende asignar peso estadístico, pero permite vincular la
estratificación de riesgo con acciones concretas. Un paciente con alta vulnerabilidad
puede necesitar más intervención coordinada, no menos oportunidad de rehabilitación.
217
La propuesta de evaluación inicial también refleja esta lógica. Incorporar función
previa, marcha, fragilidad, fuerza, cognición, comorbilidades, nutrición, hemoglobina,
dolor, riesgo de delirium y apoyo social permite construir un perfil clínico más
completo que una valoración centrada en la radiografía o el procedimiento. La utilidad
práctica reside en identificar desde el ingreso qué barreras pueden impedir la
movilización y qué recursos serán necesarios después del alta.
Esta información puede mejorar la comunicación entre disciplinas y facilitar objetivos
funcionales compartidos.
La comparación internacional de la evidencia debe realizarse con cautela porque las
rutas asistenciales, disponibilidad de rehabilitación y recursos comunitarios difieren
entre países. Las guías de AAOS y NICE ofrecen recomendaciones aplicables a
contextos con sistemas organizados de atención de fractura de cadera, mientras los
modelos ortogeriátricos estudiados pueden requerir adaptación en instituciones con
menor disponibilidad de geriatría o rehabilitación.
La relevancia del marco, sin embargo, se mantiene: cirugía oportuna, prevención de
complicaciones, movilización y continuidad son principios que pueden traducirse a
distintos niveles de recursos mediante protocolos locales (7,10-12).
En el contexto nacional y local, el material base no aporta una serie clínica propia ni
datos epidemiológicos institucionales que permitan comparar prevalencias, tiempos
quirúrgicos o porcentajes de recuperación. Por ello, cualquier estimación local habría
excedido la evidencia disponible y no se incorporó.
Esta ausencia constituye un vacío pertinente para futuras investigaciones: la validación
de factores pronósticos en poblaciones locales permitiría conocer si la magnitud de las
asociaciones y las barreras de rehabilitación observadas internacionalmente se
reproducen bajo condiciones asistenciales específicas.
218
Una fortaleza de la revisión es la integración de fuentes con funciones complementarias.
Las revisiones sistemáticas aportan una visión de predictores y resultados; las guías
traducen evidencia a recomendaciones; el ensayo de atención geriátrica aporta un
componente de intervención; y las revisiones recientes de rehabilitación comunitaria
incorporan continuidad y adherencia.
La convergencia entre estas fuentes respalda la interpretación de que la recuperación
funcional requiere un continuo asistencial y no una serie de decisiones aisladas (1-15).
La principal limitación deriva del carácter narrativo de la investigación. No se dispuso
de una búsqueda reproducible documentada por bases de datos, de un diagrama
PRISMA, de selección independiente de estudios ni de evaluación formal de riesgo de
sesgo para todas las fuentes. Además, las investigaciones incluidas emplean distintas
definiciones de función, escalas y periodos de seguimiento, lo que impide comparar
directamente resultados o calcular un efecto combinado.
Estas condiciones obligan a interpretar los hallazgos como una síntesis clínica
estructurada y no como una estimación cuantitativa definitiva.
Otra limitación corresponde a la posibilidad de confusión entre factores. Edad,
fragilidad, función previa, cognición y comorbilidad se relacionan entre sí; por tanto,
una asociación observada puede no representar un efecto independiente. Algo semejante
ocurre con el retraso quirúrgico, que puede ser consecuencia de una condición médica
más grave.
La práctica clínica debe evitar decisiones basadas en un predictor único y favorecer
perfiles multidimensionales, mientras futuras investigaciones deberían utilizar modelos
ajustados, definiciones estandarizadas y resultados funcionales comunes que permitan
comparaciones más robustas (1-4).
219
Las implicaciones clínicas se concentran en tres momentos. Durante el ingreso, resulta
prioritario documentar la función previa, identificar fragilidad, cognición, nutrición,
anemia y riesgo de complicaciones. En el periodo perioperatorio, el objetivo es lograr
estabilidad médica y quirúrgica suficiente para iniciar movilización segura sin retrasos
evitables. Después de la cirugía y del alta, la prioridad se desplaza hacia fuerza,
equilibrio, marcha, actividades cotidianas y adherencia.
Esta continuidad permite transformar la información pronóstica en un plan asistencial
dinámico.
Las futuras líneas de investigación deberían avanzar hacia resultados funcionales
estandarizados y seguimiento suficiente para distinguir recuperación temprana de
recuperación sostenida. También sería útil validar herramientas pronósticas que integren
función previa, fragilidad, cognición, fuerza y variables clínicas sin perder aplicabilidad
a pie de cama. En contextos locales, los estudios prospectivos podrían identificar
barreras organizativas para movilización y rehabilitación, así como evaluar modelos de
continuidad posterior al alta.
El objetivo no debería ser únicamente predecir quién tendrá peor resultado, sino
determinar qué componentes modificables ofrecen la mejor oportunidad de
intervención.
En conjunto, la discusión confirma que la recuperación funcional constituye un
resultado clínico complejo que se construye a lo largo de todo el episodio de atención.
Los factores basales permiten anticipar necesidades, pero no sustituyen la acción
terapéutica; los factores modificables ofrecen oportunidades de reducir deterioro
evitable, pero no anulan la influencia de la reserva previa.
220
La estrategia más coherente con la evidencia es una atención individualizada,
multidisciplinaria y orientada a la función desde el ingreso, con continuidad suficiente
para acompañar la recuperación después del hospital.
Conclusiones
La recuperación funcional después de una fractura de cadera tratada quirúrgicamente es
un proceso multifactorial determinado por la interacción entre reserva previa,
vulnerabilidad clínica, condiciones perioperatorias y rehabilitación.
El análisis permite responder al objetivo general al identificar que la capacidad
funcional antes de la fractura constituye uno de los indicadores pronósticos más
relevantes, pero su efecto se integra con edad, estado cognitivo, fragilidad, fuerza
muscular, comorbilidades, nutrición, anemia y complicaciones.
La distinción entre factores no modificables y modificables aporta una orientación
práctica. La edad y la función previa no pueden alterarse durante el episodio agudo y
sirven principalmente para contextualizar el pronóstico. En cambio, nutrición, anemia,
dolor, prevención del delirium y otras complicaciones, tiempo quirúrgico evitable,
movilización precoz y continuidad rehabilitadora representan áreas donde la atención
puede intervenir.
La cirugía debe entenderse como una condición necesaria pero no suficiente para
recuperar la independencia. Su contribución funcional depende de conseguir estabilidad
y una posibilidad de carga compatible con la movilización, mientras el equipo clínico
controla barreras que pueden impedirla. La coordinación entre traumatología, medicina
geriátrica o clínica, enfermería, fisioterapia, nutrición y trabajo social permite actuar de
forma simultánea sobre los diferentes determinantes de la trayectoria funcional.
221
La valoración inicial debe documentar función y marcha prefractura, fragilidad, fuerza,
cognición, comorbilidades, estado nutricional, hemoglobina, dolor, riesgo de delirium y
apoyo social. Esta información facilita la estratificación del riesgo, el establecimiento de
metas realistas y la planificación temprana del alta. El estado funcional alcanzado
durante la hospitalización debe considerarse una referencia para decidir la intensidad y
duración del seguimiento posterior.
La rehabilitación precoz y continuada constituye el eje modificable más directamente
relacionado con el objetivo de recuperar movilidad e independencia. Su implementación
requiere resolver dolor, inestabilidad clínica y complicaciones que interrumpen la
participación.
El aporte principal de esta revisión consiste en integrar factores pronósticos y
oportunidades de intervención dentro de una misma trayectoria asistencial. La evidencia
disponible respalda un modelo centrado en la persona, con valoración multidimensional,
movilización temprana y rehabilitación multidisciplinaria.
Para fortalecer la aplicabilidad futura se requieren investigaciones prospectivas con
desenlaces funcionales estandarizados y datos locales que permitan estimar la
contribución independiente de los factores y evaluar estrategias de continuidad
asistencial sin asumir efectos que la evidencia actual no permite cuantificar.
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